jueves, 31 de enero de 2013
- Capítulo 17 -
Changmin avanzaba por la calle seguido de Jaejoong. Ambos caminaban a escasos palmos de las fachadas de los edificios buscando resguardo de la fina lluvia que caía. Tras el breve paseo desde el hostal entraron en una pequeña tienda de comestibles y tras saludar al dependiente que no alzó la mirada de su periódico comenzaron a echar un vistazo a los estantes llenos de comida.
Changmin se detuvo frente a unas bolsas que parecían bollos dulces y Jaejoong pasó a sus espaldas, avanzando hasta quedar al lado opuesto de los mismo estantes. Cogió cajas de algo parecido a galletas con nombres incomprensibles y las devolvió a su sitio antes de volver a coger algo distinto para hacer lo mismo.
- ¿No te decides? - preguntó Changmin cuando estuvo a su altura al otro lado del armario.
Jaejoong alzó la vista y cruzó la mirada con él lo justo como para que entendiera que le había escuchado. Acto seguido se encogió se hombros y soltó la bolsa que tenía en las manos.
- Me vale cualquier cosa ¿qué has cogido? – preguntó al poco mientras volvía al pasillo en el que se encontraba él.
- Galletas de chocolate – respondió Changmin alzando la bolsa
- Buena elección.
- ¿Y para beber?
- Lo mismo me da – dijo girándose para buscar el estante de las bebidas.
- ¿Leche caliente? - preguntó señalando con el pulgar una máquina de café situada junto al mostrador.
Jaejoong miró la máquina y se giró hacia él con el ceño fruncido.
- ¿Dónde tienes tú el gusto? Odio la leche caliente.
- Lo sé – añadió echando a andar en búsqueda de algún refresco.
Jaejoong volvió a seguirle con el ceño ligeramente fruncido mientras éste cogía una lata de color brillante de la nevera. Una vez habían vuelto a la calle Changmin alzó la mirada.
- Ha dejado de llover, se agradece.¿Qué te pasa? - preguntó al ver el gesto de Jaejoong que aun no se había borrado de su cara.
- Deja de vacilar.
- ¿Vacilar?
- Sí. Nos conocíamos y no me acuerdo, de acuerdo, te creo. Deja de demostrarlo.
- No pretendía molestarte... o vacilarte.
- Ya, me lo imagino.
Jaejoong le quitó la caja de galletas de las manos y se llevo una entera a la boca tras abrirla sin dejar de caminar esta vez liderando el paso. Clavaba la mirada en el suelo a pocos pasos de sus pies con las incesantes ganas de preguntar mil cosas chocando con su necesidad de parecer desinteresado ante Changmin. No quería darle a entender que se iba a tragar cualquier cosa que le dijera pero finalmente una pregunta rompió el silencio.
- Así que conoces a Yunho ¿no?
- Sí, sabes que sí – respondió Changmin con cierto cuidado.
- ¿Qué te ha hecho saber él? Sobre mí – pregunto Jaejoong sin dejar de comer galletas con tal de no mostrar demasiado interés.
- Nada importante. Sé que le evitabas cuando venía a visitarte. Terminamos hablando porque para él era otra forma de saber como estabas. Pero poco teníamos que decirnos -añadió agriando el tono de voz al final aun sin intención.
- No parece caerte bien – dijo Jaejoong girándose brevemente para mirarle, volviendo la mirada al frente con una mueca fugaz parecida a una sonrisa tras ver su gesto de incomodidad - No, no te preocupes, a mi tampoco.
- Bueno... - empezó a decir Changmin comenzando a coger interés en la conversación - Para un amigo que va a verte.
Jaejoong estuvo a punto de darle la razón pero tenía con qué responder a eso. Sonrió con un suave resoplido como si se riera de Changmin pero no se reía más que de sí mismo.
- Yunho – le nombró Jaejoong – Éramos... algo más que amigos, aunque no nado en recuerdos.
Esa era la parte ridícula. Lo que había habido entre ellos lo conocía pero ya no recordaba de su propia vida mucho más que psicólogos y paredes blancas.
Al no escuchar nada de parte de Changmin que esta vez reprimió un “lo sé” decidió seguir con el turno de palabra.
- ¿Te choca?
- No – respondió Changmin con la naturalidad que le facilitaba la sinceridad.
- ¿Te lo esperabas? ¿“Se me nota” o qué? - preguntó bromeando con la idea de ponerle en la situación de decir algo incómodo.
- No, no es eso.
- Lo sabías.
- Sí, lo sabía.
- ¿Te lo dijo? ¿Te lo dije yo?
- Me lo dijiste tú.
Se intercambiaron las últimas palabras como si se pasaran cartas sobre la mesa, de forma rápida pero no poco atenta.
- Qué necesidad tendría – dijo Jaejoong desacelerando la velocidad al hablar - Podrías haber sido un homófobo como mi padre y aún así te lo dije. Que no me callo una ya lo sé yo.
- No sería para tanto... ¿no? - preguntó Changmin con el eco del último dato. Eso nunca lo había dicho.
- Pues, no lo sé – respondió Jaejoong girándose hacia Changmin para darle la caja de galletas, prefiriendo no ahondar en lo que acababa de decir – Pídemelas o no desayunas.
Dieron un rodeo hasta llegar de nuevo al hostal. Ninguno iba demasiado atento al camino que hacían de vuelta y ninguno lo mencionó mientras caminaba. Changmin se paró en una pequeña tienda de ropa que pareció cruzarse en el camino para recordar a ambos que habían viajado sin equipaje y aprovecharon para hacerse con algo de ropa. Al llegar a la habitación del hostal Jaejoong se sentó en la cama y volcó la caja de galletas sobre la palma de su mano haciendo caer la última.
Siguió a Changmin con la mirada mientras éste sacaba algunas de las nuevas prendas de las bolsas, quitándose la chaqueta y la camiseta con la intención de ducharse.
Las silueta de su cuerpo era totalmente armónica. Una espalda recta que que se curvaba suavemente antes de perderse en los vaqueros que combinaba de una forma perfecta con sus brazos, largos y marcados con unas suaves curvas que indicaban el camino de sus músculos desde el hombro hasta el codo, perdiéndose después en unos antebrazos de líneas suaves.
Cuando Changmin se giró hacia él tomando la ropa de la cama Jaejoong pudo ver que, entre las curvas que marcaban en su pecho el recorrido de sus costillas, había una cicatriz no demasiado larga pero hundida en la piel, como un surco oscurecido.
Desvió la mirada entonces a la caja vacía sobre sus manos. Si hubiera levantado la mirada se hubiera encontrado con la suya y lo sabía. Lo último que quería era mostrar interés por él después de la última conversación que había mantenido con él acerca de sus preferencias.
- Vaya cicatriz – dijo echándole otra vez un breve vistazo.
- Una vieja herida de guerra – respondió Changmin tras bajar la mirada a la cicatriz
- ¿Qué te pasó?
- Un... accidente.
Respondió con cuidado tomando aire y soltándolo largamente con un punzada de dolor en el pecho. Había olvidado aquella herida y que nunca había dejado de doler pero había estado tan ocupado las últimas semanas que había pasado a ignorar lo que sentía en su propio cuerpo.
- ¿Un accidente dices?
- Algo así como una pelea.
- Saliste perdiendo por lo que veo – dijo Jaejoong señalando nuevamente la herida con un golpe de vista.
- Desde luego, él ni se acuerda.
Jaejoong le miró. Ese era el tipo de expresión que, insinuando algo, no llevaba a ninguna parte. Era una forma de atacarle aún cuando Changmin le aseguraba no estar haciéndolo cada vez que le recordaba su ignorancia acerca de todo lo que le concernía.
- Tal vez sí ¿no le devolviste ni una? - prosiguió Jaejoong sin intención de jugar con una muy probable indirecta.
- No le culpo, no fue su intención – dijo echándose la ropa al hombro - Puedo decir que esta herida me la hice yo.
- ¿Asumes mejor tus derrotas echándote la culpa?
- Eso creo – resumió Changmin antes de dirigirse al baño cerrando con suavidad la puerta a sus espaldas.
Jaejoong le siguió con la mirada desviándola de nuevo cuando Changmin se giró para cerrar la puerta.
Debía sentirse molesto, como tantas otra veces en los último días, tener esa sensación de haber sido puesto en evidencia en una conversación que desde fuera podía haber parecido simple, pero no era ese sentimiento el que le rondaba la cabeza tras escuchar la puerta del baño cerrarse.
La imagen de su cuerpo se había quedado grabada en su cabeza. Le había llamado la atención como una novedad pero a la vez le había resultado familiar. Le había gustado verle e incluso le había apetecido tocarle, notar que tacto tenía lo que veía.
¿Eso estaba bien? Ya sabía que Changmin sabía de sus preferencias con los chicos y eso no parecía molestarle o incomodarle. Pero quizás era porque nunca antes había mostrado interés hacia él y nunca le había puesto en el aprieto de tener que evitarle. Si ahora le miraba demasiado o, sobre todo, de otra forma, podía alejarse de él dejándole sin ayuda.
Jaejoong torció el gesto y empezó a desgarrar el cartón de la caja de galletas.
Pero ¿y si ese atracción estaba ahí desde mucho antes? Quizás a Changmin nunca le había importado tenerle detrás o suscitarle interés.
Fuese como fuese lo más conveniente era no mirarle de más. Además ¿por qué tenía que darle tanta importancia? Era un chico atractivo, eso no se podía negar y no tendría por qué suponerle una gran sorpresa que alguien le mirase al darse cuenta.
Tenía cosas más importantes en las que pensar.
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Changmin aparcó la mirada en el plato de ducha dejando que el incesante chorro de agua caliente chocara contra su nuca. Jaejoong había recordado que Yunho y él habían sido algo más. Siempre se había negado a verlo aun teniendo leves recuerdos con él por los que poder empezar a recordar. Su relación con Yunho había sido, al igual que el asesinato de su padre, algo que se había negado a recordar. ¿Qué conexión había? ¿Había sido ese el desencadenante? Tras decir que su padre era homófobo se había negado a seguir con la conversación y la había desviado sin darle importancia.
Había recuerdos sobre ello en su cabeza directamente relacionados con su relación con Yunho. Huía de sus recuerdos, los temía. Parecía no saber lo que quería. En su memoria había atisbos de recuerdos esenciales para su recuperación. Era lo que siempre había estado deseando saber, que había pasado años atrás porque esa era la llave para salir del centro. Ahora que era libre su cabeza parecía más dispuesta a recordar y él menos. Jaejoong tenía miedo y no era el único.
Si recordaba que había asesinado a su padre se acabaría la calma que le brindaba la ignorancia. Había dejado de huir, confiado. Parecía no temer ser encontrado porque no se imaginaba siendo buscado por la policía.
Cerró el grifo y resopló intentando echar junto al aire algo del peso de sus preocupaciones.
No sirvió.
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Flashback
Jaejoong apartó los pies de la pared y se levantó de la cama. Llevaba cerca de una hora mirando el techo de su habitación. Tenía la intención de bajar las escaleras en busca de sus padres para decir algo. No es que pensara que iba a hacer una declaración inesperada pero dar el tema por sabido y buscar una discreción innecesaria cada vez le resultaba más estúpido.
Su padre llevaba cerca un año ignorando su afinidad con el chico que más de una vez había pasado la tarde en casa. Llamaba a su hijo para que saliera de la habitación cuando opinaba que llevaba demasiado tiempo encerrado con aquel chico, pidiéndole hacer cualquier cosa inútil con tal de interrumpir en el momento adecuado y evitar que sucediera algo que “no debía suceder”.
Jaejoong sabía que cuando se lo dijese no le iba a sentar demasiado bien pero no podía sino lanzarse a la ventura de sincerarse. Bajó hasta la mitad de la escalera y se detuvo asiendo con fuerza la barandilla. Repasó lo que tenía que decir, las palabras correctas, las adecuadas, pero cada vez que las repasaba le parecían más equivocadas y volvía a retocarlas. Se había convencido, y entendía, que no había nada de malo en sentir lo que sentía pero una ola de vergüenza le invadía cada vez que repasaba el comienzo de la conversación.
“Papá, mamá, me gusta una persona, yo le gusto y no se trata de una chica.”
Frase clara pero no demasiado directa. Ninguna palabra que pudiera asustar u ofender al hacerla sonar. No se imaginaba la primera contestación. Estaba seguro de que su madre, sumisa, esperaría a que su marido reaccionara antes para, de esta forma, procurar no diferir demasiado de su opinión. Si la primera reacción de su padre fuera un silencio, insistiría con una pregunta que no implicara retarle a aceptarlo sino, más bien, algo así como pedirle su opinión.
“Quería que lo supierais y, sobre todo, saber que pensáis”
Tomó aire y lo soltó largamente sin alterar apenas el silencio que había mantenido. Sus dieciséis años no le ayudaban a estar seguro en un momento así.
Bajó el último tramo de escaleras y avanzó por el pasillo. El golpeteo de la hoja de un cuchillo sobre una tabla de picar le llevó hasta la cocina. A unos pasos de la puerta pudo ver a su padre junto a una taza humeante, probablemente de café, con la mirada clavada en un artículo del periódico. No veía a su madre pero sin duda preparaba la comida en el mostrador que el hueco de la puerta no mostraba. Carraspeó desde su posición para no hacerlo al entrar y acto seguido dio los últimos pasos hasta entrar en la cocina. Su madre se giró brevemente y le dirigió una sonrisa más educada y cordial que cariñosa. Su padre no levantó la vista.
- Papá, mamá...
Su voz sonó más débil de lo que había pretendido.
- Tengo... -tragó saliva y carraspeó aun habiendo procurado no hacerlo – que deciros algo.
Pensó que el sonido del cuchillo aún golpeteando la madera había bastado para ahogar su voz pero su padre habló.
- No es necesario.
Jaejoong le miró y no recibió su mirada de vuelta.
- ¿No es necesario? - repitió Jaejoong a falta de palabras propias con las que retomar su declaración.
- Olvida el tema – zanjó su padre tensando las hojas del periódico con una hábil sacudida.
El chico volvió a tragar saliva y su garganta volvió a hacerle carraspear. Parecía que se había quedado sin voz en un instante. Miró a la espalda de su madre y agachó la mirada.
- ¿Cómo que olvide el tema? - preguntó finalmente y esta vez su voz empezó a exigir atención.
- No lo permitiré.
Su padre, colmado de serenidad, volvía a responder a su pregunta con una respuesta que parecía querer poner el punto final a la conversación. Jaejoong volvió a preguntar sobre su última contestación esperando recibir una respuesta acorde.
- ¿Qué no permitirás?
- Que mi hijo se convierta en un maricón como si ya no quedasen mujeres en este mundo.
La voz serena de su padre adquirió un tono tenso, crudo, y, a pesar de lo que Jaejoong había esperado, no acababa de sentir miedo por su respuesta. Su ceño se frunció momentáneamente mientras la persona que aun se ocultaba tras el periódico ponía en evidencia que no estaba por colaborar en una conversación considerada.
- No vuelvas a verte con ese tío.
Una orden. Ya había dejado claro lo que pensaba, pero solo él.
- Mamá...
Su madre no contestó, sabía que su marido hablaría antes.
- No la metas a ella. Esto es entre hombres, si es que tú lo sigues siendo.
El pecho de Jaejoong se llenó de aire y entonces su voz sonó tan tensa como clara.
- Más de lo que lo eres tú.
Su madre se giró por primera vez pero no le dio tiempo a intervenir. Su marido dejó el periódico en la mesa soltándolo con una brusca sacudida y se puso en pie haciendo chillar el suelo bajo las patas de la silla. Se enfrentó a su hijo dejando entre ambos no más de un par de palmos de distancia e hizo retumbar su voz por primera vez.
- ¡Demuéstramelo!
Jaejoong comenzó a soltar el aire apenas habiéndolo tomado. Apretaba los dientes tras sus labios sellados y su ojos, enmarcados por un ceño fruncido, miraban con odio. Había barajado la posibilidad de que su padre reaccionara bruscamente pero la había desechado para no atemorizarse y acobardarse. Pero no sentía miedo, el sentimiento que hacía temblar sus puños cerrados no era miedo.
Su padre continuó devolviéndole la mirada y con un firme empujón contra su hombro volvió a intervenir.
- ¡Demuéstramelo! ¡Trae a una condenada mujer a esta casa y no a ese marica! ¡Haz lo que te toca hacer!
El calor llenaba el interior de Jaejoong que recibía por parte de aquel tipo un nuevo empujón con cada comentario.
- ¡¿Acaso has llegado si quiera a probar una?! ¡¿De donde cojones has sacado la puta idea de que te den por el culo?! ¿Más hombre que yo?
Notaba aquella mano una y otra vez contra su pecho, haciendo hervir el trozo de piel que golpeaba.
- Maldito cabrón... - dijo Jaejoong masticando las palabras en un volumen diez veces inferior al suyo.
Jaejoong vio un puño alzándose frente a él y un instante después escuchó retumbar es sus oídos el sonido de un golpe contra su mandíbula. Cayó al suelo. Una mujer paraba a su padre o lo intentaba.
- ¡Cariño! No, por favor... - le pedía haciendo el amago de sostener su brazo para que no volviera a alzarlo.
- ¡No le defiendas! - tronó la voz masculina una vez más - ¡¿Es que no le escuchas?! ¡Además de maricón se piensa que puede hablarme como le salga de los cojones! ¡¿Quién se cree que es este hijo de puta?!
Jaejoong tragó saliva. Un toque a sabor metálico bailaba en su boca. Se puso en pie y se posó con suavidad la manga en la boca. Miró la pequeña mancha que había dejado en la tela. Ladeó una sonrisa. Algo se había liberado en él. Aquel golpe acababa de tirar abajo un muro de contención, el que le contenía a si mismo. No entendía por qué pero sintió un extraño placer.
- ¿Sonríes? - preguntó su padre sonriendo con ironía, riendo levemente sin poder ocultar su rabia – Niñato engreído ¿quieres otro?
Jaejoong alzó la mirada hacia él y en un acto de rebeldía asintió. Su padre perdió la sonrisa y no pudo alzar apenas el brazo dispuesto a asestar un segundo puñetazo cuando los brazos de su mujer intentaron, al menos, dificultarle la acción. Jaejoong se apartó. Llegados a ese punto quería provocarle pero no recibir golpes para el desahogo de aquella persona. Se alejó un par de pasos de su padre pero este se deshizo sin esfuerzo del agarre de la mujer, apartándola con brusquedad para coger a su hijo por la camiseta y llevarlo a dar de espaldas contra el mostrador.
Veía sus ojos, sus ganas de golpearle, de dejarle claro que era él quien mandaba en esa casa. Y entonces fue cuando las yemas de sus dedos, con las manos en el mostrador, palparon el mango del cuchillo. Automáticamente su mano se cerró sobre el plástico y tras un rápido giro de muñeca la hoja del arma fue a desaparecer con una solicitada puñalada en el costado de su agresor.
Un grito desgarrador sonó tras ellos y la mirada clavada sobre él perdió fuerza en un instante. Soltó su camiseta y, como un muñeco de trapo, se desplomó haciendo retumbar su cuerpo contra el suelo. El cuchillo, aun en la mano de Jaejoong, brilló en su color carmín reflejando la luz de la ventana. A sus pies su madre lloraba desesperada mientras luchaba por marcar sin error las teclas del teléfono tras hacerlo rodar por el suelo en un intento de cogerlo a toda velocidad antes de arrodillarse junto a su marido.
Pero todo eso daba igual, lo que acababa de suceder había sido tan solo una fantasía. Aun debía estar en las escaleras, repasando su diálogo para lograr mediante la labia la aceptación de su padre.
Caminó hacia el pasillo, abrió la puerta de la calle y se sentó en el banco del porche.
Nada había pasado.
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A los pocos días habían perdido la cuenta de cuanto tiempo había pasado desde la noche de la huida. No más de una semana pero lo suficiente como para ir pensando en cambiar de hostal. Se habían propuesto no pasar demasiado tiempo en el mismo lugar.
- Podemos coger el metro y buscar en esta parte de la ciudad – dijo Changmin con el plano de las líneas de metro abierto entre ambos, sentados en la misma cama - Seguiríamos estando en las afueras.
- ¿No deberíamos alejarnos más? - opinó Jaejoong girando el plano para verlo desde la perspectiva de Changmin.
- Quizás eso es lo que se espera que hagamos, que vayamos de ciudad en ciudad – intervino Changmin recorriendo con la mirada la líneas de distinto colores – Pero estando en los barrios de las afueras quizás es menos obvio y más discreto.
- Tal vez.
- Sí, tal vez. Puedo estar diciendo una cagada enorme ¿No me vas a debatir? Creí que eras tú el espabilado.
- Y lo soy – le aseguró Jaejoong procurando no sonreír. No había dejado de disfrutar con sus propios comentarios – Te dejo opinar porque eres el del dinero. Si eso no fuese así te habría dejado colgado ya en el aeropuerto.
- Lo tendré en cuenta – dijo Changmin apretando los labios en una sonrisa torcida.
- Lo tendrás en cuenta – repitió Jaejoong asintiendo con las comisuras de los labios bajadas en un gesto sobreactuado.
Changmin alzó la mirada hacia él y rió en silencio.
- Desde luego.
- Me conviene cambiar de tema – dijo Jaejoong haciendo sonar una suave risa mientras hablaba.
- Te conviene cambiar de tema - repitió Changmin mientras asentía imitando su gesto anterior.
Jaejoong le miró y rió con aire de molestia.
- ¡No me imites! No uses mis tácticas.
- He tenido tiempo para aprender de ti ¡Te estoy devolviendo un poco! - dijo Changmin poniendose en pie yendo en busca de sus cosas -A las diez tenemos que dejar la habitación así que...
- Eso no se aprende. Con esta actitud se nace – le aseguró Jaejoong bailando las palabras con un tono de entendido – Lo tuyo es una burda imitación.
- Te has picado ¿eh? - dijo Changmin volviéndose hacia él con una sonrisa acompañada por una mirada entornada.
Jaejoong resopló sin dejar de sonreír. Estaba picado pero con ganas de buscar la diversión en la derrota del otro. Necesitaba la respuesta adecuada y no se le ocurría ¿Estaba desentrenado? Si era así tenía otras forma de contraatacar. Desde luego no sabía quedarse sin responder. Se giró con la aparente intención de coger su mochila de la cama pero cogió la almohada de la cama por el extremo.
- ¿Esto es tuyo? - preguntó fingiendo ver algo entre su ropa que no parecía pertenecerle.
- ¿El qué? - preguntó Changmin relajando el gesto al inclinarse para mirar por un lado del otro chico.
Morder el cebo no le dejó sin trampa y un almohadazo fue a parar contra su cara. Se tambaleó un poco a pesar de ser un golpe de algodón y tela y se pasó ambas manos por la cara escuchando una carcajada al otro lado. Al descubrir de nuevo su cara pudo ver a Jaejoong expectante, mirándole con una sonrisa descarada que denotaba triunfo.
- Bien – dijo Changmin luchando por no reír mientras daba unos pasos hacia su cama.
- ¿Bien? - repitió Jaejoong sin poder dejar de sonreír.
- Bien – repitió Changmin a modo de respuesta.
Entonces se giró almohada en mano dirigiéndole un ataque que el otro chico vio venir. Ambas almohadas se chocaron en el aire y tras este primer golpe empezó la verdadera guerra.
Jaejoong alzó su almohada llevándosela hacia la espalda y Changmin, haciendo lo mismo, se le adelantó devolviendo finalmente el primer ataque.
Se atacaban, vengaban los golpes que recibían el uno del otro y reían. No había entonces algo más importante que reírse a costa del otro y, a la vez, escucharse mutuamente reír entre fingidos alaridos de dolor.
- ¿Quieres más? - gritó Jaejoong en pie sobre la cama – Venga, tu pones la cara y yo la almohada.
- ¡Baja de ahí! ¡Cobarde! - rió Changmin golpeando sus piernas con la almohada y agachándose tras hacerlo para esquivar la almohada de Jaejoong.
- ¡Sube tú si tienes lo que hay que tener! - le retó Jaejoong asestando en su espalda un golpe que hizo saltar las costuras de la almohada.
Una nube de plumas desiguales flotó frente a sus ojos y Changmin, entre todas ellas, encontró su cara de desconcierto. Rió, llenó la habitación con una sonora carcajada.
- Mierda – murmuró Jaejoong soltando una suave risa al escuchar su carcajada.
- ¡Desarmado! - sentenció Changmin quitándole de un tirón la almohada y sacudiéndola en el aire para vaciarla de plumas - ¡Fin de la batalla!
- ¡No! ¡No te adelantes!
Changmin alzó los brazos con su propia almohada sostenida entre ambas manos como si sostuviera un cinturón de lucha libre.
- And the winner is... ¡Changmin! - dijo imitando seguidamente la ovación de un público inexistente alrededor de ellos.
Jaejoong rió tras el negando con la cabeza y cuando Changmin le dio la espalda enseñándole el premio a la audiencia se lanzó sobre él con un perfecto placaje que lo llevó de cara al colchón de su cama. Jaejoong cayó sobre él y no tardó más de un segundo en abrazar la almohada antes de hacer por retirarse de su cama pero la mano de Changmin sujetó su tobillo no dejándole más opción que la de intentar huir bajando de la cama con las manos por delante.
- ¡Suelta o te la llevas! - le amenazó Jaejoong con serias dificultades para darle con la almohada que ahora solo le complicaba la huida.
- ¡Dame mi almohada! - le exigió terminando por pellizcar solo el bajo de sus pantalones cuando la espalda de Jaejoong termino por posarse en el suelo.
- ¿Cuál? ¿Esta? - preguntó Jaejoong dándole un nuevo almohadazo mientras usaba el pie libre mantenido contra el filo del somier para impulsarse hacia atrás.
Changmin soltó el filo de su pantalón pero solo para ponerse en pie y cogerle firmemente por encima del tobillo.
- ¡Se acabó! ¡Fuera de mis dominios! - dijo con una voz propia de alguien que le doblaba en edad mientras le arrastraba en dirección a la puerta.
- ¡No! - gritó Jaejoong no acertando a darle con la almohada mientras se agitaba luchando porque su camiseta no se subiera dejando su espalda contra el suelo - ¡Dios!¡Que frío está el suelo! ¡Suelta o me defiendo!
Changmin rió y al girarse hacia él un tercer pie se mezcló con los suyos haciéndole caer al suelo. Jaejoong se sentó con una carcajada para mirarle y cuando Changmin le devolvió la mirada su sonrisa de difuminó.
No era la primera vez que pasaba algo así, la escena era demasiado familiar. Se conocían desde hacía tiempo y en ese momento, justo en ese momento, acababa de notarlo. Le era conocida la situación igual que le había sido conocida su risa a pesar de no haberle vuelto a escuchar reír así desde que volvió en sí. Nada era nuevo y a la vez todo lo era porque empezaba a recordar. No eran recuerdos claros, pero eran imágenes y sensaciones que, entonces, no valían menos.
- ¿Te rindes? - preguntó Changmin para llamar su atención. Le veía perder la mirada y sumergirse en sí mismo. No sabía si eso había dejado de ser malo.
- ¿Qué?
Changmin se acercó para sentarse algo más cerca de él y le arrebató la almohada sin esfuerzo.
- ¿Acabas de hacer un viaje astral o qué? - bromeó para sacarlo de su ensimismamiento.
- Algo así – respondió Jaejoong sonriendo levemente – Menudas islas...
Changmin rió y miró a su alrededor antes de hablar.
- Recojamos nuestras cosas y salgamos corriendo después de entregar la llave de la habitación. Nos nos conviene estar aquí cuando vean como hemos dejado esto.
- En eso estamos de acuerdo – dijo Jaejoong poniéndose en pie.
Ambos recogieron sus cosas aun dejando escapar alguna sonrisa mientras esquivaban las plumas que adornaban el suelo.
- ¿Nos quedamos en las afueras entonces? - preguntó Jaejoong – La conversación acabó en una batalla más que en una decisión.
- Bueno, puesto que he ganado yo podemos probar mi plan. Si a la próxima sales victorioso serás tú el que decida que hacer.
- ¿Tienes intención de que vayamos de hostal en hostal cargándonos almohadas para tomar decisiones?
- ¿No te gusta la idea? No me extraña, eres bastante malo en las peleas – le picó Changmin una vez más cerrando la cremallera de la mochila y echándosela al hombro.
- Cuida lo que dices – le amenazó Jaejoong con chulería – No quieras ver mis verdaderas habilidades. Soy un peligro y si me conoces... tienes que saberlo.
Se echó la mochila al hombro y se dirigió hacia la puerta seguido por Changmin.
- Pero... - le dijo Jaejoong una vez en el pasillo y se acercó a él alzando una mano a la altura de su cabeza provocando que Changmin cerrase los ojos. Jaejoong rió – No te voy a hacer nada. Lo que te iba a decir es que al menos mantuviese la discreción.
Jaejoong retiró la mano con una pluma pellizcada con los dedos.
- Si te llevas la almohada en la cabeza será muy fácil que nos pillen.
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El día fue largo. Cuando pisaron la ciudad no fue Jaejoong el único que se sintió expuesto. Llevaban tiempo sin mezclarse con la multitud y cambiaban de dirección cuando veían a algún agente de policía. Ninguno de los dos lo dijo pero ambos iban disimulando la misma intención. No fue por otro motivo que les resultó fácil evitar a las autoridades sin tener que dar explicaciones al otro.
Parecía que la calle les enmudecía. Andaban atentos a todo, cada uno absorto en sus propios pensamientos y solo cuando el metro les obligaba a sentarse el uno junto al otro se cruzaban palabras de cualquier tema de poca importancia.
La persona que roncaba frente a ellos en el vagón era una buena oportunidad para reír y fingir despreocupación y les hacía parecer dos chicos de camino a casa tras salir de clase.
Nadie podía imaginar lo complejas que eran sus vidas y lo poco usuales que eran sus problemas.
Cuando volvieron a salir a la superficie caminaron una vez más sin saber a donde ir. El objetivo de buscar un nuevo sitio en el que pasar las noches al menos les mantenía ocupado. Tantas horas muertas en la habitación del hostal en el que se habían hospedado durante casi una semana les habían llevado a pensar demasiado. Necesitaban olvidarse de haber escapado, de estar huyendo y vivir de la forma que se les ofrecía.
No podían ignorar su situación como si nada hubiera sucedido pero vivir como fugitivos no podía ser todo.
- ¿Vamos aquí? - preguntó Jaejoong parándose unos pasos tras Changmin mientras ojeaba uno de tantos panfletos de publicidad que llevaban encima – Tiene buena pinta. Son habitaciones con cocina además de baño. Bueno... si se puede llamar cocina a lo que sea que tengan.
Jaejoong alzó el papel y Changmin se acercó para cogerlo. Lo ojeó y tras unos segundos empezó a asentir de forma discreta y constante.
- Me gusta – dijo mirando a Jaejoong y asintiendo con más firmeza - ¿Vamos?
- ¿Me estás haciendo caso? - dijo Jaejoong sonriendo.
Changmin le miró y tras devolverle el papel le respondió.
- Es hora de hacerte un poco de caso y no tratarte como al enano que pareces. Te estás convirtiendo en todo un hombre.
Jaejoong sonrió al escuchar su tono burlón y rió para sí sin intención de contestarle. Estaba olvidando por momentos que huían y comenzaba a disfrutar de sus experiencias fuera de su jaula. No sabía cuanto iba a durar aquella paz pero no quería pensar demasiado en ello.
No conociendo el fin era como si no lo hubiera.
domingo, 11 de noviembre de 2012
- Capítulo 16 -
Jaejoong se acercó a la puerta y apagó la luz de la habitación.
- Escucha – susurró a Changmin sin dejar de darle la espalda – Sígueme de cerca una vez hayamos salido de la habitación. La llave la llevo en mi bolsillo. Como tosas o estornudes te acuerdas de mi ¿comprendes?
Changmin asintió musitando suavemente y aguantó la respiración unos instantes cuando Jaejoong giró el pomo de la puerta. Abrió la puerta lentamente, lo justo para poder asomarse y, tras echar un vistazo, le indicó que le siguiera.
Así lo hizo, cerrando la puerta tras de sí y siguiéndole en el máximo silencio que podía.
Jaejoong se detenía intermitentemente, tras dar varios pasos, contenía su propia respiración a la escucha de pasos ajenos y, entonces, volvía a reanudar el paso.
Al llegar a la primera cámara de vigilancia se detuvo y, tras señalarla con un golpe de vista, susurró a Changmin con una voz casi muda.
- Algunas no hay forma de evitarlas… reza porque no estén mirando los monitores…
Continuó avanzando, mirándole a veces de reojo y cambiando de dirección sin dudar. Se conocía el edificio aun mejor de lo que esperaba pero Changmin no esperaba alejarse así de la puerta de salida.
- Eh… la salida no es por ahí…
Jaejoong se paró en seco al oír unos pasos, lentos, acortando distancia con ellos. Tanteó el pomo de la puerta que estaba a su lado y la abrió con cuidado, indicándole a Changmin que le siguiera una vez más.
- Cierra – le pidió Jaejoong – Y no enciendas la luz.
- De acuerdo…- susurró Changmin intentando ver con la escasa luz que entraba desde fuera
- Jae…
- Hay más puertas para salir… esto es una llave maestra, no pensaba salir por la puerta de principal como un señor…”caballeros, nos vemos”… - dijo con gesto de estirado – Desde luego sin mí no ibas a ir muy lejos ¿no crees?
Changmin no respondió. Se había quedado mirando a la figura que estaba sentada en el borde de la cama de aquella habitación. Permanecía inmóvil y no podía distinguir si sus ojos estaban abiertos. Si pudo clarear que se trataba de una persona bastante mayor, encorvada levemente sobre si misma. Jaejoong se unió a su expectación al darse la vuelta, acercándose al hombre con mucho cuidado.
- ¿Qué haces? Jae…
Jaejoong se inclinó echándole un vistazo a la persona que ni siquiera sabía que estaban allí y, torciendo una sonrisa, susurró de nuevo.
- Está dormido.
Changmin resopló y se acercó a la ventana de la habitación. La abrió con mucho cuidado y se asomó.
- Podríamos usar las ramas como puente hasta el muro… pero no tienen pinta de aguantar mucho peso…
- Menos el tuyo – añadió Jaejoong acercándose. Apoyó las manos en el poyete y se asomó – Se parte la rama, nos matamos y fin de la gran aventura .
- Nos encontrarán aquí, nos enterrarán en el bosque para que la historia no perjudique la imagen del centro y como si nada - añadió Changmin – No es mal plan.
Jaejoong rió en silencio sin poder evitarlo y, frunciendo el ceño, se apoyó el dedo índice sobre los labios. Changmin sonrió y se quedó mirándole. La luz de la ventana hacía parecer que lo único que existía era él. Deseó parar el tiempo y no estar viéndole así en una contrarreloj.
- Vamos… - indicó Jae girándose sobre si mismo y ahogando un grito al sobresaltarse – J-joder…
Changmin se dio la vuelta bruscamente y vio al hombre en pié, aun con la cabeza agachada.
- Tranquilo Jae… - dijo acercándose a la puerta de nuevo sin apartar la vista de aquel personaje – Es sonámbulo…
- Será… - coincidió Jae humedeciéndose los labios que aun le temblaban por el susto llevado.
Sonrió de nuevo, esta vez con flojera y se interpuso entre Changmin y la puerta decidido a fiarse más de sus propias habilidades que las de él a la hora de avanzar.
Entreabrió la puerta y tras cerciorarse de que al pasillo estaba despejado salieron de nuevo. Bajaron las escaleras hasta la planta baja y Jaejoong los dirigió directamente hasta la puerta de la cocina.
Una vez dentro cruzó la cocina a paso ligero y se paró frente a la puerta que daba al patio. La abrió con el mismo cuidado que la puerta anterior y salió mirando desde fuera a Changmin con impaciencia. Éste salió tras él y se encargó él mismo de dejar la puerta cerrada a sus espaldas.
- Ahora viene lo difícil – susurró Changmin mirando los muros que delimitaban la parcela – Para salir afuera ya no hay puertas auxiliares…
- Ya me he dado cuenta – cortó Jaejoong mirando a su alrededor – Habrá que salir por adelante…
- Siento no tener ideas…
- No esperaba que las tuvieras. Es más, pensaba irme sin ti. – dijo sin darle importancia – Vamos allá.
- ¿Pensabas irte sin mí?
- Era broma. Sígueme.
- Ya…
¿Lo decía en serio? No es que hubiera tenido confianza en que Jaejoong tuviera preferencia en salir de allí con él pero oírselo decir rozaba lo cruel. Intentó no dejarse entretener por pensamientos de última hora y siguió a Jaejoong mientras bordeaba el edificio hasta la parte de delante, haciendo el camino más largo al usar el muro exterior como guía hasta la puerta.
- Espero que esta llave sea tan maestra como dice ser… - comentó Jaejoong por lo bajo señalando la verja metálica – Si esa puerta no se abre, se nos acabó la historia.
Para Changmin era peor aun. Si se descubría que quería salir y que la única razón por la que se encontraba allí era Jaejoong, y no ningún motivo clínico, perdería la oportunidad de estar allí como paciente y, por lo tanto, el contacto con Jaejoong.
- Espera aquí - le indicó a Changmin – Compruebo si abre y si es así me sigues.
Changmin se quedó oculto tras los árboles soñando con ver la verja abierta. No tuvo que llorar ninguna derrota. La verja se abrió bajo las órdenes de la llave y Jaejoong abrió una de las hojas lo suficiente para permitirles salir. Un susurrado “vamos” tiró de Changmin hacia fuera y cerraron nuevamente la verja, apartándose ambos después a un lado.
Se hizo el silencio y en poco el chapoteo de las gotas que comenzaban a caer desde el cielo lo aplacó sin discreción. Changmin movió sus pies sobre la tierra húmeda del suelo mientras la lluvia se hacia más intensa por segundos y se giró hacia Jaejoong para sugerirle el siguiente paso en la escapada pero éste, con la cabeza agachada, se hallaba inmerso en sus pensamientos. Intuía su mirada perdida bajo su flequillo mojado.
- Jae… ¿Estás bien?.
- Estoy fuera… - dijo Jaejoong empezando a dejar escapar una sonrisa difícil de entender.
- Eso es bueno ¿no? No nos ha costado demasiado… Bueno, aun no ha acabado, tenemos que alejarnos de aquí, antes de que pase la siguiente guardia y se den cuenta de que no estamos.
- Alejarnos de aquí. Ésa es la parte que más me gusta, elegir a donde ir – dijo perdiendo la sonrisa a la vez que alzaba levemente la mirada – Ridículo ¿no?
- ¿Qué es ridículo?
- Estar aquí de nuevo mañana…
- Ven conmigo si no sabes a donde ir.
- Tú también estarás aquí mañana.
Changmin se giró un momento mirando a su alrededor antes de mirarle otra vez y alzó la voz lo justo para salir del susurro.
- Y una mierda. La vida me ha dejado sin familia pero a cambio tengo el dinero necesario para desaparecer. Si vienes conmigo, te aseguro que mañana nadie sabrá donde estás.
- ¿Por qué insistes en ayudarme?
- Te debo una, y de las gordas. Me habría tirado desde la ventana de mi habitación hace tiempo si no fuera porque tú me paraste los pies.
- Te ibas… a tirar… por la ventana… - repitió Jaejoong volviendo a aquel atisbo de recuerdo que le rondaba la cabeza desde antes de salir de su habitación.
- Si… bueno, no estaba en mi mejor momento y… se sabe que hay veces en las que… Oye, no pierdes nada. Si quieres no me creas, pero sígueme y deshazte de esta vida de mierda. Solo tienes que venir conmigo, aceptar mi ayuda. Ahora mi propósito es ver que tan lejos puedo llegar. No es mal plan y seguro que no tienes ninguno mejor si tras salir de este pozo te has quedado parado.
La lluvia no había dejado de tomar fuerza durante los últimos minutos y ahora continuas hileras de agua caían sobre ellos. Jae se pasó el dorso de la mano sobre la frente apartándose el pelo y miró a Changmin.
- Vamos – dijo con forzada firmeza – Dime por donde empezamos…
- A cinco minutos de aquí hay una parada de taxi. Nos puede llevar hasta la estación de tren. Allí cogeremos el primer tren que salga, cuanto más lejos mejor. Por el camino decidiremos que hacer – propuso Changmin comenzando a andar con decisión.
- ¿No es más fácil ir en avión? No sé… - empezó Jaejoong echando a andar junto a Changmin.
- Si dan la voz de que nos hemos escapado no podremos salir en avión ya que ahí tenemos que mostrar nuestra documentación y eso sería como decir “nos habéis pillado”.
- Pero aún estamos a tiempo. En veinte o treinta minutos llegamos al aeropuerto y cogemos el vuelo que salga, sin importar a donde.
- Bueno… tú decides, hasta ahora no nos ha ido mal con tus ideas… Pero hay que darse prisa… ¡taxi! Corre!
Changmin echó a correr al ver un taxi en la parada aun a la distancia suficiente como para que alguien se les adelantara. Jaejoong echó a correr tras él sin intención de evitar ningún charco. Cuando llegaron al coche habiendo frenado demasiado tarde, entre salpicaduras y malos modos al abrir la puerta, ambos subieron al taxi bajo la mirada del conductor que les miró a través del retrovisor con cara de pocos amigos.
- Lo sentimos por el barro – se disculpó Jaejoong.
- Se lo compensaré en la propina – añadió Changmin – Al aeropuerto por favor.
El conductor arrancó el coche sin añadir más y Changmin dejó caer la espalda contra el asiento. Jaejoong lo había hecho justo antes que él y ya había perdido la mirada en el paisaje que veía a través de la ventana. Lo que veía era como su vida. Podía ver un cúmulo de cosas; calles, árboles, edificios, luces, personas y, al igual que sus recuerdos y sentimientos, se veían borrosos, no podía ver nada con claridad, aunque intuía que estaban allí. Al igual que no distinguía las caras de las personas que pasaban por la calle, no reconocía el sentimiento por las personas que habían pasado por su vida. Al igual que podía imaginar las arrugas en el rostro de una persona a través de la lluvia intuyendo su avanzada edad por un bastón, imaginaba el sentimiento que debía sentir por aquel chico que había estado visitándole en el centro intuyéndolo por los años que llevaba conociéndole. Pero no veía esas arrugas y no tenía esos sentimientos.
No sabía a donde iba, solo sabía donde no quería estar. Quería empezar de nuevo, cambiar su suerte, recordar su vida.
Entre los muros del centro psiquiátrico era capaz de no creer en su locura, sintiéndose apresado sin motivos y rodeado de locos que juraban ver monstruos bajo la mesa del comedor, pero estando fuera solo podía compararse con gente de apariencia sencilla, yendo a trabajar, estresados por cualquier cosa, riendo de cualquier broma, compartiendo experiencias, recordando momentos. Enfadados, alegres, nerviosos, estresados, pero todos con una cordura que ya no se aplicaba a sí mismo.
¿Tan diferente era a esos chicos cuya única preocupación era tener dinero para la gasolina o la búsqueda de la aprobación de sus padres ante lo que hacía para poder salir con los amigos a la noche?
Escondió las manos dentro de sus mangas mojadas y se mordió los labios, el corazón se le encogió en el pecho y unas gotas que no provenían de su pelo cayeron por sus mejillas. No sabía, de todo lo que había olvidado, que era lo peor. Sus padres no habían ido a visitarle en tres años y no sabía que recordaba de ellos, de Yunho solo sabía su rencor por algo que no podía evitar, y del chico que ahora estaba sentado a su lado no sabía nada.
¿Realmente le había salvado la vida? Y si era así ¿Hasta donde iba a serle devuelto el favor? ¿Hasta cuando iba a estar agradeciéndoselo con su ayuda? Apartó la mirada de la ventana y miró hacia el chico con la sensación de haber estado pensando en voz alta. Se encontró con su mirada. Le miraba con preocupación y con algo más que no le gustó nada. Era pena. Agachó la cabeza y le pareció escuchar un “todo irá bien”. No supo si lo había dicho Changmin o si la voz de su propia cabeza intentaba convencerlo, pero no levantó la mirada para comprobar si seguía mirándole.
Cuando el coche se detuvo, Jaejoong esperó a que Changmin bajase primero. Tenía la sensación de poder perderle de vista en cualquier momento y no saber que hacer. Le siguió de cerca cuando entró sin decir nada más en el aeropuerto, dirigiéndose al mostrador de venta de billetes. Se mantuvo entonces un par de pasos tras él, dejándole hacer, y aun demasiado perdido como para reaccionar de una forma u otra.
- Espero que no se te de mal el japonés – dijo Changmin girándose hacia él – Volamos a Tokio, es el próximo vuelo que sale. Sígueme.
A Jaejoong no le dio tiempo a añadir nada y siguió nuevamente a Changmin. Fue esquivando a la gente, recibiendo demasiadas miradas. Su ropa blanca, mojada y llena de barro no hacían pensar nada bueno. Changmin le lanzó una rápida mirada y acto seguido se paró frente a una tienda de ropa.
- Entra conmigo, coge una chaqueta, unos pantalones, lo que veas – le pidió señalándole las perchas.
Jaejoong agradeció que se diera cuenta y cogió unos vaqueros y una sudadera que le parecieron no distar demasiado de su talla. Changmin se los quitó de las manos y puso ambas prendas sobre el mostrador. Todo debía ser así de rápido pero las prisas mezcladas con la tensión le comenzaban a embotar la cabeza. Al salir de la tienda Changmin le señaló la puerta de los baños y tras un rápido “vamos” se quedó esperando fuera de estos.
Jaejoong entró a uno de los cubículos del baño y se desvistió y vistió nuevamente. Tanto la sudadera como los pantalones eran algo grandes pero pudo comprobar al salir y verse en el espejo que serían menos los que le mirarían ahora. Metió su vieja ropa en la papelera antes de salir del baño y Changmin echó a andar nada más verlo, haciéndole de nuevo caminar tras él.
- Puerta 26 – dijo mientras buscaba la situación.
Jaejoong ni siquiera le escuchó. Solo continuó siguiéndole hasta que se vio sentado en el asiento del avión. Respondió “bien” cuando creyó que le preguntaba como se encontraba y asintió cuando pensó que debía, pero cada vez que escuchaba su voz y miraba a su alrededor, más irreal le resultaba la situación.
Tras el despegue apoyó la cabeza en el cristal y observó como las ciudades se convertían en manchas de luces, hasta que al atravesar las nubes el avión comenzó a navegar sobre un manto blanco que se dejaba ver a la luz de la luna. Cerró los ojos. Si entonces olvidara todo, absolutamente todo, al bajar del avión empezaría de nuevo, sin preocupaciones, sin tener conciencia de lo hecho y de las posibles consecuencias. Pero así no funcionaba su olvido, él no elegía que olvidar.
Chanming llevaba rato observándole. Jaejoong ahora dormía y, aunque se evidenciaba que su postura no era cómoda, no parecía que su sueño fuese ligero. Acercó una mano a su cara y echó hacia atrás los mechones de pelo aun húmedo que tapaban parte de su cara cayendo en cortina sobre su mejilla. Le veía tan frágil… Nunca se lo había planteado así, Jaejoong el más débil de los dos. Siempre había sido él el que le había arrancado las sonrisas, el que le había hecho olvidar la realidad como si fuese cualquier cosa, el chico con más iniciativa que había conocido jamás, con más ansias de libertad que cualquier preso. Y había caído rendido tras entrar en un bloqueo nada más probar la libertad.
Changmin sonrió levemente. De todo esto sacaba algo en claro: si Jaejoong ahora tenía tanto miedo era porque creía estar solo, estaba seguro de no importarle a nadie. Jaejoong había perdido su fuerza y su alegría al olvidarlo a él. Más allá del egocentrismo que pudiera llevar esa forma de pensar no le parecía cualquier deducción estúpida para autocomplacerse.
Giró la mano poniendo el dorso de sus dedos sobre su piel y la retiró con una suave caricia. << Solo tengo que hacer que me recuerdes>> pensó Changmin, dirigiéndose a él desde sus adentros << Tienes que entender que me tienes, y que esto es todo lo que queríamos conseguir. Ahora que lo hemos conseguido solo tienes miedo. No quedará así>>
El vuelo fue largo. Changmin consiguió caer dormido a una hora escasa de escuchar el aviso de aterrizaje. Para cuando abrió los ojos debido a la voz de la azafata Jaejoong volvía a estar despierto y al parecer no desde hacía mucho tiempo. Se frotaba la cara como si intentase centrarse y asumir una mañana que había llegado demasiado pronto.
- Menuda forma de dormir - murmuró Changmin.
- ¿Hm? – Jaejoong le miró y torció una sonrisa con un resoplo – Envidioso.
Changmin sonrió sin apartar la mirada del asiento frente a él y no volvió a dirigirse a Jaejoong hasta haber bajado del avión. Sus nervios no eran menos.
- Cogeremos un taxi que nos lleve al centro, buscaremos donde comer y un hotel hasta que pensemos en un lugar para… - Chanming calló al ver que Jaejoong volvía a asentir ciegamente – Oye, todo irá bien…
Jaejoong asintió.
- ¿Cuándo asientes es que estás de acuerdo o que no me has escuchado?
- ¿Hm? – Jaejoong le miró y sonrió incómodo, negando con la cabeza – Sí, taxi, ir a comer, buscar donde dormir,…
- Y que todo ira bien – insitió Changmin.
- Y que todo irá bien – repitió Jaejoong sin esforzarse en disimular que volvía a decir lo que pensaba que debía decir.
Changmin asintió y tras subir al taxi indicó al conductor a donde se dirigían.
- Que hambre tengo… - dijo entonces en un resoplo, volviendo a dirigirse a Jaejoong
- ¿Hablas japonés? – preguntó Jaejoong estrenándose con las preguntas.
- Oh… bueno, no lo domino pero me defiendo. Pizza, hace mucho tiempo que no como pizza. Nunca la sirvieron en aquel comedor ¿te apetece?
- Claro…
Cuando pisaron la calle Jaejoong no fue el único que se sintió perdido y, sobre todo, pequeño. Caminar sin dirección era la mejor forma de comprender que no sabían a donde se dirigían. Cogieron papeles de información en cada rincón, mapas, publicidad, todo les era útil, y avanzaron eligiendo la dirección a tomar cruzando solo cuando el semáforo del paso de peatón estaba en verde cuando ellos pasaban junto a él.
Tras cruzar uno de tantos Changmin se paró en seco para echar un vistazo y Jaejoong topó con el hombro en su espalda.
- Perdona - dijo secamente girándose para mirar hacia atrás.
- No nos siguen – resumió Changmin haciendo que Jaejoong se girara hacia él.
- Sería absurdo ¿no?
- Nunca he huido como lo estamos haciendo ahora pero confío en que no sea tan fácil seguir la pista a alguien. Incluso si saben que estamos aquí dudo que nos encuentren fácilmente. Mira a tu alrededor, no somos solo dos.
Jaejoong miró de reojo a los lados y no pudo estar más de acuerdo. En aquella parte de la ciudad la gente se agolpaba por todos lados haciendo que las puertas de los edificios y bocas de metro parecieran hormigueros.
- Buscábamos un sitio para dormir ¿no? - añadió tras echar aquel vistazo.
- Sí – dijo Changmin volviendo a reanudar el paso – Sigamos. Prefiero que nos alejemos un poco del centro. Cuando menos tengamos que enseñar el carnet de identidad, mejor, y lo caro lo suele exigir. Ahorraremos tiempo si vamos en metro.
Dicho esto Changmin guió sus pasos hasta las escaleras que se perdían bajo el suelo, esquivando la gente que se agolpaba para salir.
- Espero que no nos perdamos demasiado – comentó frente a la máquina expendedora de tickets.
- ¿Perdernos? - preguntó Jaejoong parándose a casi un metro de él – No hay sitio al que queramos volver ¿A qué te refieres con perdernos?
- Ha sido un comentario absurdo, supongo.
Changmin se volvió hacia Jaejoong y extendió el brazo para darle el ticket sin acortar distancias con él prefiriendo dejarle la opción de acercarse cuando se sintiera algo parecido a cómodo. Acto seguido reanudó el paso al ver llegar el metro por su izquierda.
Jaejoong volvía a seguirle a ciegas. Prefería no dar su opinión. La que tenía con respecto a Changmin él mismo la conocía y su confianza no terminaba de asentarse.
No dejaba de pensar y a momentos sentía que lo que peor llevaba de la situación era lo que tenía que ver consigo mismo. A Changmin le dejaba claro que no le creía pero la verdad era que sabía que era muy probable que el problema tuviera la raíz en él mismo. Se pasaba la vida olvidando y dejando su mente en blanco. Aquel chico le había ofrecido su ayuda asegurándole que en otra ocasión la ayuda la había recibido él de su parte. Podía pensar entonces que aquel desconocido creía deberle algo y que ahora solo estaba cumpliendo con su parte. Pero su primer nuevo contacto con él había estado lleno de mentiras, le había tratado como a un idiota al que se le podía colar cualquier historia.
Cuando el movimiento del metro cesó y las puertas se abrieron, Changmin se puso en pie pidiendo a Jaejoong que volviera a seguirle con un golpe de mirada.
Salieron a la calle y recibieron por primera vez un golpe de luz proveniente del cielo. Los edificios de la zona centro les habían mantenido a la sombra y ahora caminaban bajo un cielo despejado sin la necesidad de topar constantemente con hombros ajenos.
Changmig se paró, tras cerca de una hora de caminata en el más absoluto silencio, frente a lo que parecía un hostal con la fachada blanca.
- No creo que aquí pidan demasiada documentación – dijo antes de volverse hacia Jaejoong – Y menos que te impidan meter una pizza en la habitación.
- Me gusta – añadió Jaejoong con simpleza con la cabeza alzada.
- Vamos entonces – añadió Changmin avanzando delante de Jaejoong.
El interior daba sensación de calidez a pesar del aspecto frío que daba la fachada. Las columnas estaban revestidas de lo que parecía imitación de piedra y las paredes y el mobiliario lo coloreaban todo en colores teja y tierra. Tras tomar la llave de la habitación, Changmin subió por las escaleras seguido de un silencioso Jaejoong. Entró en la habitación y dos camas iluminadas por el sol de primera hora de la tarde les saludaron nada más entrar.
- Ahora me gusta a mí – dijo Changmin sentándose en una de las camas y empezando a buscar entre los papeles recogidos algún número de teléfono para pedir comida.
Jaejoong se sentó a los pies de la otra cama y Changmin le miró antes de seguir con su búsqueda.
- Aquí… pizzería… menú… dos ingredientes… esto es.... bebida... ¿“Sunakku”?... - empezó a leer – Esto suena bien. Vamos, pizza, refresco y patatas o así.
- Me parece bien – dijo Jaejoong descalzándose las playeras manchadas de barro seco.
Changmin pidió la comida no sin esfuerzo, indicando la dirección del hostal de una forma ridículamente precisa y lenta al leerla en la hoja de información cogida en recepción.
Tras colgar se quedó en silencio.
Eran dos desconocidos en una misma habitación con la necesidad convivir juntos por el tiempo que fuese necesario.
- Espero que no nos encuentren – empezó a decir Jaejoong sin apenas alzar la voz – Aunque no me imagino una búsqueda organizada a nivel internacional por buscar a dos chiflados. No somos asesinos convictos ni atracadores de bancos.
- Desde luego no estamos en la lista de los diez terroristas más buscados –aseguró Changmin echándose bocarriba en la cama.
¿Asesinos convictos? Volvió a caer en la ignorancia de Jaejoong sobre su pasado. No sabía de los motivos que le habían llevado a matar a su padre pero estaba seguro de que no lo había hecho sin más. Parecía que el hecho de haberlo hecho le había llevado a aquel estado, entre la cordura y lo locura. ¿Había sido la culpabilidad? Ya había visto como su cabeza había borrado recuerdos acerca de sus reacciones violentas al no verse capaz de asumir que podía llegar a hacer algo así. ¿Tanto había cambiado? No era como él mismo se recordaba, no se reconocía. Parecía que no se quería topar con su nuevo yo, con el yo que podía hacer cosas sin pensar, cosas lo suficientemente dañinas como para retenerle en un centro y entonces, tras hacerlas, olvidarlas.
Jaejoong se dejó caer hacia atrás aun con los pies en el suelo, quedando con las mismas vistas del techo que Changmin.
- ¿Cuanto tardará en llegar la comida? -preguntó entrelazando los dedos de las manos tras la nuca.
- Espero que poco – respondió Changmin como respuesta breve. Aun andaba sumergido en sus pensamientos.
- ¿Qué pasó para que quisieras tirarte por una ventana? Los hay más feos que tú y siguen adelante. Solo tienes que acostumbrarte a tu cara.
Changmin escuchó sus palabras y torció la boca al apretar los labios. Acto seguido rió sin poder evitarlo. Hacía mucho que no escuchaba bromear a Jaejoong y no era el momento de esperarlo.
- ¿C-cómo? - dijo riendo nuevamente - ¡Oye! Que mi cara es de retrato.
- ¡Si! Retrato abstracto – comentó Jaejoong con simpleza luchando por mantener un poco de seriedad mientras se metía con él.
- ¿Es que no te has preguntado por qué tengo tanto dinero? Pintores han pagado fortunas por dibujar mi perfil.
Changmin desvió la mirada del techo hacia Jaejoong tras un silencio de unos segundos. Jaejoong no le miraba pero tampoco miraba a la nada. Estaba pensativo y su mirada paseaba por las aspas del ventilador del techo que giraban lentamente.
- ¿Por qué me dibujaste? - preguntó sin dar a la pregunta una mínima emoción.
- Me gusta dibujar – explicó Changmin con su misma entonación – Te elegí no se por qué razón. No eres mi único modelo a lo largo de estos años.
- Ah, de acuerdo.
- ¿Ya está?
- ¿Ya está qué? - preguntó Jaejoong girando la cabeza hacia él.
- ¿Me crees?
- ¿No debería?
- Bueno, no es eso – dijo Changmin sin saber a donde quería llegar.
- ¿Por qué me dibujaste? - volvió a preguntar como si fuese la primera vez.
Changmin cerró los ojos unos segundos y volvió a abrirlos. ¿Tenía que decirle la verdad? Parte de ella no iba a estar mal.
- Porque eramos conocidos, te tenía en mi memoria y así es más sencillo dibujar a falta de modelo presente. Yo llegué al centro hace un año o algo así. Sé que no te acuerdas pero tú y yo... nos tratábamos, nos llevábamos bien. No aguanté más de un par de días sin querer rendirme. Estaba harto. Llevaba ese tipo de cansancio en mi interior, ese que te hace perder las ganas de esforzarte y tú me ayudaste – explicó Changmin sin mirarle, sabiendo que él tampoco le miraba - . Ese centro está lleno de personas que nos doblan o triplican en edad. No es demasiado raro hacer un amigo sin tener más criterio que la edad, no en ese lugar. Pensé en huir de allí y supe que si te llevaba conmigo te devolvería lo que te debo. Además ¿imaginas esta escapada con el señor Hahn y su andador? Yo creo que no...
Changmin le miró de reojo. Jaejoong torció una sonrisa por su último comentario y negó con la cabeza en respuesta al notar que le estaba mirando.
- En cuanto a escaparme solo, no se sabe cuando puedo necesitar contar con alguien, por el motivo que sea. Me toca preguntar – dijo Changmin volviendo a mirar hacia el techo – ¿A donde habrías ido si no te hubiera ofrecido seguirme?
- No lo sé ¿No tienes a nadie que te busque? Me refiero a familiares o amigos.
- No ¿los tienes tú?
- No ¿y tus padres?
- Murieron, ¿y los tuyos? - preguntó Changmin pasándole el turno de pregunta por tercera vez.
- También – mintió Jaejoong a la vez que se enderezaba.
Se frotó la cara con las manos dejando escapar un bostezo poco disimulado. Changmin carraspeó antes de volver a hablar. Quería seguir tirando de aquella conversación.
- ¿Qué les ocurrió?
- Era mi turno – dijo Jaejoong sin mirarlo – La misma pregunta ¿qué les ocurrió?
- Mi padre murió en un accidente de tráfico y mi madre se suicidó ¿que les pasó a los tuyos?
- No lo sé – resumió haciendo un amago de mirarle.
- Me has dicho que murieron ¿no?
- Algo así, sí.
- ¿Algo así? -insistió Changmin.
- Sí.
Jaejoong se puso en pie y se dirigió al baño.
- Me daré una ducha rápida. No se ni a que huelo, pero apesto.
Dicho esto cerró la puerta dejando a Changmin enterrado entre demasiados pensamientos. Se tapó la cara con ambas manos aun sin enderezarse en la cama. No sabía a que había venido su propio intento de continuar con aquel interrogatorio. Lo que tenía que hacer era dar información de sí mismo para darle confianza pero la necesidad de oír sus respuestas le había valido más. Era extraño además de innecesario hacerle preguntas cuya respuesta conocía él mismo y no Jaejoong, aun tratándose se su propia vida ¿Esperaba oír algo nuevo? Aunque su perspectiva del mundo hubiese cambiado se trataba del Jaejoong de siempre con la misma ignorancia acerca de su propia vida.
Pero ya estaba fuera del centro que le exigía recordar lo que había hecho en el pasado para obtener la libertad. El hecho de que sintiera por sus padres el rencor necesario como para no tener intención de ir a buscarles y, de alguna manera, darlos por muertos era lo ideal para entonces. Si él no sospechaba que su padre ya no seguía con vida al haber sido asesinado por su propio hijo no había nada que le pudiera hacer temer ser buscado por las autoridades de la forma en que, muy probablemente, estaría siendo buscado.
Aquel era el momento para conocerle de nuevo y dejar de intentar recordar una vida pasada que no parecía tener nada que ver con él. Vivir en la ignorancia era lo que había estado acabando con Jaejoong. Ahora sería lo que le ayudaría a empezar de nuevo.
- Escucha – susurró a Changmin sin dejar de darle la espalda – Sígueme de cerca una vez hayamos salido de la habitación. La llave la llevo en mi bolsillo. Como tosas o estornudes te acuerdas de mi ¿comprendes?
Changmin asintió musitando suavemente y aguantó la respiración unos instantes cuando Jaejoong giró el pomo de la puerta. Abrió la puerta lentamente, lo justo para poder asomarse y, tras echar un vistazo, le indicó que le siguiera.
Así lo hizo, cerrando la puerta tras de sí y siguiéndole en el máximo silencio que podía.
Jaejoong se detenía intermitentemente, tras dar varios pasos, contenía su propia respiración a la escucha de pasos ajenos y, entonces, volvía a reanudar el paso.
Al llegar a la primera cámara de vigilancia se detuvo y, tras señalarla con un golpe de vista, susurró a Changmin con una voz casi muda.
- Algunas no hay forma de evitarlas… reza porque no estén mirando los monitores…
Continuó avanzando, mirándole a veces de reojo y cambiando de dirección sin dudar. Se conocía el edificio aun mejor de lo que esperaba pero Changmin no esperaba alejarse así de la puerta de salida.
- Eh… la salida no es por ahí…
Jaejoong se paró en seco al oír unos pasos, lentos, acortando distancia con ellos. Tanteó el pomo de la puerta que estaba a su lado y la abrió con cuidado, indicándole a Changmin que le siguiera una vez más.
- Cierra – le pidió Jaejoong – Y no enciendas la luz.
- De acuerdo…- susurró Changmin intentando ver con la escasa luz que entraba desde fuera
- Jae…
- Hay más puertas para salir… esto es una llave maestra, no pensaba salir por la puerta de principal como un señor…”caballeros, nos vemos”… - dijo con gesto de estirado – Desde luego sin mí no ibas a ir muy lejos ¿no crees?
Changmin no respondió. Se había quedado mirando a la figura que estaba sentada en el borde de la cama de aquella habitación. Permanecía inmóvil y no podía distinguir si sus ojos estaban abiertos. Si pudo clarear que se trataba de una persona bastante mayor, encorvada levemente sobre si misma. Jaejoong se unió a su expectación al darse la vuelta, acercándose al hombre con mucho cuidado.
- ¿Qué haces? Jae…
Jaejoong se inclinó echándole un vistazo a la persona que ni siquiera sabía que estaban allí y, torciendo una sonrisa, susurró de nuevo.
- Está dormido.
Changmin resopló y se acercó a la ventana de la habitación. La abrió con mucho cuidado y se asomó.
- Podríamos usar las ramas como puente hasta el muro… pero no tienen pinta de aguantar mucho peso…
- Menos el tuyo – añadió Jaejoong acercándose. Apoyó las manos en el poyete y se asomó – Se parte la rama, nos matamos y fin de la gran aventura .
- Nos encontrarán aquí, nos enterrarán en el bosque para que la historia no perjudique la imagen del centro y como si nada - añadió Changmin – No es mal plan.
Jaejoong rió en silencio sin poder evitarlo y, frunciendo el ceño, se apoyó el dedo índice sobre los labios. Changmin sonrió y se quedó mirándole. La luz de la ventana hacía parecer que lo único que existía era él. Deseó parar el tiempo y no estar viéndole así en una contrarreloj.
- Vamos… - indicó Jae girándose sobre si mismo y ahogando un grito al sobresaltarse – J-joder…
Changmin se dio la vuelta bruscamente y vio al hombre en pié, aun con la cabeza agachada.
- Tranquilo Jae… - dijo acercándose a la puerta de nuevo sin apartar la vista de aquel personaje – Es sonámbulo…
- Será… - coincidió Jae humedeciéndose los labios que aun le temblaban por el susto llevado.
Sonrió de nuevo, esta vez con flojera y se interpuso entre Changmin y la puerta decidido a fiarse más de sus propias habilidades que las de él a la hora de avanzar.
Entreabrió la puerta y tras cerciorarse de que al pasillo estaba despejado salieron de nuevo. Bajaron las escaleras hasta la planta baja y Jaejoong los dirigió directamente hasta la puerta de la cocina.
Una vez dentro cruzó la cocina a paso ligero y se paró frente a la puerta que daba al patio. La abrió con el mismo cuidado que la puerta anterior y salió mirando desde fuera a Changmin con impaciencia. Éste salió tras él y se encargó él mismo de dejar la puerta cerrada a sus espaldas.
- Ahora viene lo difícil – susurró Changmin mirando los muros que delimitaban la parcela – Para salir afuera ya no hay puertas auxiliares…
- Ya me he dado cuenta – cortó Jaejoong mirando a su alrededor – Habrá que salir por adelante…
- Siento no tener ideas…
- No esperaba que las tuvieras. Es más, pensaba irme sin ti. – dijo sin darle importancia – Vamos allá.
- ¿Pensabas irte sin mí?
- Era broma. Sígueme.
- Ya…
¿Lo decía en serio? No es que hubiera tenido confianza en que Jaejoong tuviera preferencia en salir de allí con él pero oírselo decir rozaba lo cruel. Intentó no dejarse entretener por pensamientos de última hora y siguió a Jaejoong mientras bordeaba el edificio hasta la parte de delante, haciendo el camino más largo al usar el muro exterior como guía hasta la puerta.
- Espero que esta llave sea tan maestra como dice ser… - comentó Jaejoong por lo bajo señalando la verja metálica – Si esa puerta no se abre, se nos acabó la historia.
Para Changmin era peor aun. Si se descubría que quería salir y que la única razón por la que se encontraba allí era Jaejoong, y no ningún motivo clínico, perdería la oportunidad de estar allí como paciente y, por lo tanto, el contacto con Jaejoong.
- Espera aquí - le indicó a Changmin – Compruebo si abre y si es así me sigues.
Changmin se quedó oculto tras los árboles soñando con ver la verja abierta. No tuvo que llorar ninguna derrota. La verja se abrió bajo las órdenes de la llave y Jaejoong abrió una de las hojas lo suficiente para permitirles salir. Un susurrado “vamos” tiró de Changmin hacia fuera y cerraron nuevamente la verja, apartándose ambos después a un lado.
Se hizo el silencio y en poco el chapoteo de las gotas que comenzaban a caer desde el cielo lo aplacó sin discreción. Changmin movió sus pies sobre la tierra húmeda del suelo mientras la lluvia se hacia más intensa por segundos y se giró hacia Jaejoong para sugerirle el siguiente paso en la escapada pero éste, con la cabeza agachada, se hallaba inmerso en sus pensamientos. Intuía su mirada perdida bajo su flequillo mojado.
- Jae… ¿Estás bien?.
- Estoy fuera… - dijo Jaejoong empezando a dejar escapar una sonrisa difícil de entender.
- Eso es bueno ¿no? No nos ha costado demasiado… Bueno, aun no ha acabado, tenemos que alejarnos de aquí, antes de que pase la siguiente guardia y se den cuenta de que no estamos.
- Alejarnos de aquí. Ésa es la parte que más me gusta, elegir a donde ir – dijo perdiendo la sonrisa a la vez que alzaba levemente la mirada – Ridículo ¿no?
- ¿Qué es ridículo?
- Estar aquí de nuevo mañana…
- Ven conmigo si no sabes a donde ir.
- Tú también estarás aquí mañana.
Changmin se giró un momento mirando a su alrededor antes de mirarle otra vez y alzó la voz lo justo para salir del susurro.
- Y una mierda. La vida me ha dejado sin familia pero a cambio tengo el dinero necesario para desaparecer. Si vienes conmigo, te aseguro que mañana nadie sabrá donde estás.
- ¿Por qué insistes en ayudarme?
- Te debo una, y de las gordas. Me habría tirado desde la ventana de mi habitación hace tiempo si no fuera porque tú me paraste los pies.
- Te ibas… a tirar… por la ventana… - repitió Jaejoong volviendo a aquel atisbo de recuerdo que le rondaba la cabeza desde antes de salir de su habitación.
- Si… bueno, no estaba en mi mejor momento y… se sabe que hay veces en las que… Oye, no pierdes nada. Si quieres no me creas, pero sígueme y deshazte de esta vida de mierda. Solo tienes que venir conmigo, aceptar mi ayuda. Ahora mi propósito es ver que tan lejos puedo llegar. No es mal plan y seguro que no tienes ninguno mejor si tras salir de este pozo te has quedado parado.
La lluvia no había dejado de tomar fuerza durante los últimos minutos y ahora continuas hileras de agua caían sobre ellos. Jae se pasó el dorso de la mano sobre la frente apartándose el pelo y miró a Changmin.
- Vamos – dijo con forzada firmeza – Dime por donde empezamos…
- A cinco minutos de aquí hay una parada de taxi. Nos puede llevar hasta la estación de tren. Allí cogeremos el primer tren que salga, cuanto más lejos mejor. Por el camino decidiremos que hacer – propuso Changmin comenzando a andar con decisión.
- ¿No es más fácil ir en avión? No sé… - empezó Jaejoong echando a andar junto a Changmin.
- Si dan la voz de que nos hemos escapado no podremos salir en avión ya que ahí tenemos que mostrar nuestra documentación y eso sería como decir “nos habéis pillado”.
- Pero aún estamos a tiempo. En veinte o treinta minutos llegamos al aeropuerto y cogemos el vuelo que salga, sin importar a donde.
- Bueno… tú decides, hasta ahora no nos ha ido mal con tus ideas… Pero hay que darse prisa… ¡taxi! Corre!
Changmin echó a correr al ver un taxi en la parada aun a la distancia suficiente como para que alguien se les adelantara. Jaejoong echó a correr tras él sin intención de evitar ningún charco. Cuando llegaron al coche habiendo frenado demasiado tarde, entre salpicaduras y malos modos al abrir la puerta, ambos subieron al taxi bajo la mirada del conductor que les miró a través del retrovisor con cara de pocos amigos.
- Lo sentimos por el barro – se disculpó Jaejoong.
- Se lo compensaré en la propina – añadió Changmin – Al aeropuerto por favor.
El conductor arrancó el coche sin añadir más y Changmin dejó caer la espalda contra el asiento. Jaejoong lo había hecho justo antes que él y ya había perdido la mirada en el paisaje que veía a través de la ventana. Lo que veía era como su vida. Podía ver un cúmulo de cosas; calles, árboles, edificios, luces, personas y, al igual que sus recuerdos y sentimientos, se veían borrosos, no podía ver nada con claridad, aunque intuía que estaban allí. Al igual que no distinguía las caras de las personas que pasaban por la calle, no reconocía el sentimiento por las personas que habían pasado por su vida. Al igual que podía imaginar las arrugas en el rostro de una persona a través de la lluvia intuyendo su avanzada edad por un bastón, imaginaba el sentimiento que debía sentir por aquel chico que había estado visitándole en el centro intuyéndolo por los años que llevaba conociéndole. Pero no veía esas arrugas y no tenía esos sentimientos.
No sabía a donde iba, solo sabía donde no quería estar. Quería empezar de nuevo, cambiar su suerte, recordar su vida.
Entre los muros del centro psiquiátrico era capaz de no creer en su locura, sintiéndose apresado sin motivos y rodeado de locos que juraban ver monstruos bajo la mesa del comedor, pero estando fuera solo podía compararse con gente de apariencia sencilla, yendo a trabajar, estresados por cualquier cosa, riendo de cualquier broma, compartiendo experiencias, recordando momentos. Enfadados, alegres, nerviosos, estresados, pero todos con una cordura que ya no se aplicaba a sí mismo.
¿Tan diferente era a esos chicos cuya única preocupación era tener dinero para la gasolina o la búsqueda de la aprobación de sus padres ante lo que hacía para poder salir con los amigos a la noche?
Escondió las manos dentro de sus mangas mojadas y se mordió los labios, el corazón se le encogió en el pecho y unas gotas que no provenían de su pelo cayeron por sus mejillas. No sabía, de todo lo que había olvidado, que era lo peor. Sus padres no habían ido a visitarle en tres años y no sabía que recordaba de ellos, de Yunho solo sabía su rencor por algo que no podía evitar, y del chico que ahora estaba sentado a su lado no sabía nada.
¿Realmente le había salvado la vida? Y si era así ¿Hasta donde iba a serle devuelto el favor? ¿Hasta cuando iba a estar agradeciéndoselo con su ayuda? Apartó la mirada de la ventana y miró hacia el chico con la sensación de haber estado pensando en voz alta. Se encontró con su mirada. Le miraba con preocupación y con algo más que no le gustó nada. Era pena. Agachó la cabeza y le pareció escuchar un “todo irá bien”. No supo si lo había dicho Changmin o si la voz de su propia cabeza intentaba convencerlo, pero no levantó la mirada para comprobar si seguía mirándole.
Cuando el coche se detuvo, Jaejoong esperó a que Changmin bajase primero. Tenía la sensación de poder perderle de vista en cualquier momento y no saber que hacer. Le siguió de cerca cuando entró sin decir nada más en el aeropuerto, dirigiéndose al mostrador de venta de billetes. Se mantuvo entonces un par de pasos tras él, dejándole hacer, y aun demasiado perdido como para reaccionar de una forma u otra.
- Espero que no se te de mal el japonés – dijo Changmin girándose hacia él – Volamos a Tokio, es el próximo vuelo que sale. Sígueme.
A Jaejoong no le dio tiempo a añadir nada y siguió nuevamente a Changmin. Fue esquivando a la gente, recibiendo demasiadas miradas. Su ropa blanca, mojada y llena de barro no hacían pensar nada bueno. Changmin le lanzó una rápida mirada y acto seguido se paró frente a una tienda de ropa.
- Entra conmigo, coge una chaqueta, unos pantalones, lo que veas – le pidió señalándole las perchas.
Jaejoong agradeció que se diera cuenta y cogió unos vaqueros y una sudadera que le parecieron no distar demasiado de su talla. Changmin se los quitó de las manos y puso ambas prendas sobre el mostrador. Todo debía ser así de rápido pero las prisas mezcladas con la tensión le comenzaban a embotar la cabeza. Al salir de la tienda Changmin le señaló la puerta de los baños y tras un rápido “vamos” se quedó esperando fuera de estos.
Jaejoong entró a uno de los cubículos del baño y se desvistió y vistió nuevamente. Tanto la sudadera como los pantalones eran algo grandes pero pudo comprobar al salir y verse en el espejo que serían menos los que le mirarían ahora. Metió su vieja ropa en la papelera antes de salir del baño y Changmin echó a andar nada más verlo, haciéndole de nuevo caminar tras él.
- Puerta 26 – dijo mientras buscaba la situación.
Jaejoong ni siquiera le escuchó. Solo continuó siguiéndole hasta que se vio sentado en el asiento del avión. Respondió “bien” cuando creyó que le preguntaba como se encontraba y asintió cuando pensó que debía, pero cada vez que escuchaba su voz y miraba a su alrededor, más irreal le resultaba la situación.
Tras el despegue apoyó la cabeza en el cristal y observó como las ciudades se convertían en manchas de luces, hasta que al atravesar las nubes el avión comenzó a navegar sobre un manto blanco que se dejaba ver a la luz de la luna. Cerró los ojos. Si entonces olvidara todo, absolutamente todo, al bajar del avión empezaría de nuevo, sin preocupaciones, sin tener conciencia de lo hecho y de las posibles consecuencias. Pero así no funcionaba su olvido, él no elegía que olvidar.
Chanming llevaba rato observándole. Jaejoong ahora dormía y, aunque se evidenciaba que su postura no era cómoda, no parecía que su sueño fuese ligero. Acercó una mano a su cara y echó hacia atrás los mechones de pelo aun húmedo que tapaban parte de su cara cayendo en cortina sobre su mejilla. Le veía tan frágil… Nunca se lo había planteado así, Jaejoong el más débil de los dos. Siempre había sido él el que le había arrancado las sonrisas, el que le había hecho olvidar la realidad como si fuese cualquier cosa, el chico con más iniciativa que había conocido jamás, con más ansias de libertad que cualquier preso. Y había caído rendido tras entrar en un bloqueo nada más probar la libertad.
Changmin sonrió levemente. De todo esto sacaba algo en claro: si Jaejoong ahora tenía tanto miedo era porque creía estar solo, estaba seguro de no importarle a nadie. Jaejoong había perdido su fuerza y su alegría al olvidarlo a él. Más allá del egocentrismo que pudiera llevar esa forma de pensar no le parecía cualquier deducción estúpida para autocomplacerse.
Giró la mano poniendo el dorso de sus dedos sobre su piel y la retiró con una suave caricia. << Solo tengo que hacer que me recuerdes>> pensó Changmin, dirigiéndose a él desde sus adentros << Tienes que entender que me tienes, y que esto es todo lo que queríamos conseguir. Ahora que lo hemos conseguido solo tienes miedo. No quedará así>>
El vuelo fue largo. Changmin consiguió caer dormido a una hora escasa de escuchar el aviso de aterrizaje. Para cuando abrió los ojos debido a la voz de la azafata Jaejoong volvía a estar despierto y al parecer no desde hacía mucho tiempo. Se frotaba la cara como si intentase centrarse y asumir una mañana que había llegado demasiado pronto.
- Menuda forma de dormir - murmuró Changmin.
- ¿Hm? – Jaejoong le miró y torció una sonrisa con un resoplo – Envidioso.
Changmin sonrió sin apartar la mirada del asiento frente a él y no volvió a dirigirse a Jaejoong hasta haber bajado del avión. Sus nervios no eran menos.
- Cogeremos un taxi que nos lleve al centro, buscaremos donde comer y un hotel hasta que pensemos en un lugar para… - Chanming calló al ver que Jaejoong volvía a asentir ciegamente – Oye, todo irá bien…
Jaejoong asintió.
- ¿Cuándo asientes es que estás de acuerdo o que no me has escuchado?
- ¿Hm? – Jaejoong le miró y sonrió incómodo, negando con la cabeza – Sí, taxi, ir a comer, buscar donde dormir,…
- Y que todo ira bien – insitió Changmin.
- Y que todo irá bien – repitió Jaejoong sin esforzarse en disimular que volvía a decir lo que pensaba que debía decir.
Changmin asintió y tras subir al taxi indicó al conductor a donde se dirigían.
- Que hambre tengo… - dijo entonces en un resoplo, volviendo a dirigirse a Jaejoong
- ¿Hablas japonés? – preguntó Jaejoong estrenándose con las preguntas.
- Oh… bueno, no lo domino pero me defiendo. Pizza, hace mucho tiempo que no como pizza. Nunca la sirvieron en aquel comedor ¿te apetece?
- Claro…
Cuando pisaron la calle Jaejoong no fue el único que se sintió perdido y, sobre todo, pequeño. Caminar sin dirección era la mejor forma de comprender que no sabían a donde se dirigían. Cogieron papeles de información en cada rincón, mapas, publicidad, todo les era útil, y avanzaron eligiendo la dirección a tomar cruzando solo cuando el semáforo del paso de peatón estaba en verde cuando ellos pasaban junto a él.
Tras cruzar uno de tantos Changmin se paró en seco para echar un vistazo y Jaejoong topó con el hombro en su espalda.
- Perdona - dijo secamente girándose para mirar hacia atrás.
- No nos siguen – resumió Changmin haciendo que Jaejoong se girara hacia él.
- Sería absurdo ¿no?
- Nunca he huido como lo estamos haciendo ahora pero confío en que no sea tan fácil seguir la pista a alguien. Incluso si saben que estamos aquí dudo que nos encuentren fácilmente. Mira a tu alrededor, no somos solo dos.
Jaejoong miró de reojo a los lados y no pudo estar más de acuerdo. En aquella parte de la ciudad la gente se agolpaba por todos lados haciendo que las puertas de los edificios y bocas de metro parecieran hormigueros.
- Buscábamos un sitio para dormir ¿no? - añadió tras echar aquel vistazo.
- Sí – dijo Changmin volviendo a reanudar el paso – Sigamos. Prefiero que nos alejemos un poco del centro. Cuando menos tengamos que enseñar el carnet de identidad, mejor, y lo caro lo suele exigir. Ahorraremos tiempo si vamos en metro.
Dicho esto Changmin guió sus pasos hasta las escaleras que se perdían bajo el suelo, esquivando la gente que se agolpaba para salir.
- Espero que no nos perdamos demasiado – comentó frente a la máquina expendedora de tickets.
- ¿Perdernos? - preguntó Jaejoong parándose a casi un metro de él – No hay sitio al que queramos volver ¿A qué te refieres con perdernos?
- Ha sido un comentario absurdo, supongo.
Changmin se volvió hacia Jaejoong y extendió el brazo para darle el ticket sin acortar distancias con él prefiriendo dejarle la opción de acercarse cuando se sintiera algo parecido a cómodo. Acto seguido reanudó el paso al ver llegar el metro por su izquierda.
Jaejoong volvía a seguirle a ciegas. Prefería no dar su opinión. La que tenía con respecto a Changmin él mismo la conocía y su confianza no terminaba de asentarse.
No dejaba de pensar y a momentos sentía que lo que peor llevaba de la situación era lo que tenía que ver consigo mismo. A Changmin le dejaba claro que no le creía pero la verdad era que sabía que era muy probable que el problema tuviera la raíz en él mismo. Se pasaba la vida olvidando y dejando su mente en blanco. Aquel chico le había ofrecido su ayuda asegurándole que en otra ocasión la ayuda la había recibido él de su parte. Podía pensar entonces que aquel desconocido creía deberle algo y que ahora solo estaba cumpliendo con su parte. Pero su primer nuevo contacto con él había estado lleno de mentiras, le había tratado como a un idiota al que se le podía colar cualquier historia.
Cuando el movimiento del metro cesó y las puertas se abrieron, Changmin se puso en pie pidiendo a Jaejoong que volviera a seguirle con un golpe de mirada.
Salieron a la calle y recibieron por primera vez un golpe de luz proveniente del cielo. Los edificios de la zona centro les habían mantenido a la sombra y ahora caminaban bajo un cielo despejado sin la necesidad de topar constantemente con hombros ajenos.
Changmig se paró, tras cerca de una hora de caminata en el más absoluto silencio, frente a lo que parecía un hostal con la fachada blanca.
- No creo que aquí pidan demasiada documentación – dijo antes de volverse hacia Jaejoong – Y menos que te impidan meter una pizza en la habitación.
- Me gusta – añadió Jaejoong con simpleza con la cabeza alzada.
- Vamos entonces – añadió Changmin avanzando delante de Jaejoong.
El interior daba sensación de calidez a pesar del aspecto frío que daba la fachada. Las columnas estaban revestidas de lo que parecía imitación de piedra y las paredes y el mobiliario lo coloreaban todo en colores teja y tierra. Tras tomar la llave de la habitación, Changmin subió por las escaleras seguido de un silencioso Jaejoong. Entró en la habitación y dos camas iluminadas por el sol de primera hora de la tarde les saludaron nada más entrar.
- Ahora me gusta a mí – dijo Changmin sentándose en una de las camas y empezando a buscar entre los papeles recogidos algún número de teléfono para pedir comida.
Jaejoong se sentó a los pies de la otra cama y Changmin le miró antes de seguir con su búsqueda.
- Aquí… pizzería… menú… dos ingredientes… esto es.... bebida... ¿“Sunakku”?... - empezó a leer – Esto suena bien. Vamos, pizza, refresco y patatas o así.
- Me parece bien – dijo Jaejoong descalzándose las playeras manchadas de barro seco.
Changmin pidió la comida no sin esfuerzo, indicando la dirección del hostal de una forma ridículamente precisa y lenta al leerla en la hoja de información cogida en recepción.
Tras colgar se quedó en silencio.
Eran dos desconocidos en una misma habitación con la necesidad convivir juntos por el tiempo que fuese necesario.
- Espero que no nos encuentren – empezó a decir Jaejoong sin apenas alzar la voz – Aunque no me imagino una búsqueda organizada a nivel internacional por buscar a dos chiflados. No somos asesinos convictos ni atracadores de bancos.
- Desde luego no estamos en la lista de los diez terroristas más buscados –aseguró Changmin echándose bocarriba en la cama.
¿Asesinos convictos? Volvió a caer en la ignorancia de Jaejoong sobre su pasado. No sabía de los motivos que le habían llevado a matar a su padre pero estaba seguro de que no lo había hecho sin más. Parecía que el hecho de haberlo hecho le había llevado a aquel estado, entre la cordura y lo locura. ¿Había sido la culpabilidad? Ya había visto como su cabeza había borrado recuerdos acerca de sus reacciones violentas al no verse capaz de asumir que podía llegar a hacer algo así. ¿Tanto había cambiado? No era como él mismo se recordaba, no se reconocía. Parecía que no se quería topar con su nuevo yo, con el yo que podía hacer cosas sin pensar, cosas lo suficientemente dañinas como para retenerle en un centro y entonces, tras hacerlas, olvidarlas.
Jaejoong se dejó caer hacia atrás aun con los pies en el suelo, quedando con las mismas vistas del techo que Changmin.
- ¿Cuanto tardará en llegar la comida? -preguntó entrelazando los dedos de las manos tras la nuca.
- Espero que poco – respondió Changmin como respuesta breve. Aun andaba sumergido en sus pensamientos.
- ¿Qué pasó para que quisieras tirarte por una ventana? Los hay más feos que tú y siguen adelante. Solo tienes que acostumbrarte a tu cara.
Changmin escuchó sus palabras y torció la boca al apretar los labios. Acto seguido rió sin poder evitarlo. Hacía mucho que no escuchaba bromear a Jaejoong y no era el momento de esperarlo.
- ¿C-cómo? - dijo riendo nuevamente - ¡Oye! Que mi cara es de retrato.
- ¡Si! Retrato abstracto – comentó Jaejoong con simpleza luchando por mantener un poco de seriedad mientras se metía con él.
- ¿Es que no te has preguntado por qué tengo tanto dinero? Pintores han pagado fortunas por dibujar mi perfil.
Changmin desvió la mirada del techo hacia Jaejoong tras un silencio de unos segundos. Jaejoong no le miraba pero tampoco miraba a la nada. Estaba pensativo y su mirada paseaba por las aspas del ventilador del techo que giraban lentamente.
- ¿Por qué me dibujaste? - preguntó sin dar a la pregunta una mínima emoción.
- Me gusta dibujar – explicó Changmin con su misma entonación – Te elegí no se por qué razón. No eres mi único modelo a lo largo de estos años.
- Ah, de acuerdo.
- ¿Ya está?
- ¿Ya está qué? - preguntó Jaejoong girando la cabeza hacia él.
- ¿Me crees?
- ¿No debería?
- Bueno, no es eso – dijo Changmin sin saber a donde quería llegar.
- ¿Por qué me dibujaste? - volvió a preguntar como si fuese la primera vez.
Changmin cerró los ojos unos segundos y volvió a abrirlos. ¿Tenía que decirle la verdad? Parte de ella no iba a estar mal.
- Porque eramos conocidos, te tenía en mi memoria y así es más sencillo dibujar a falta de modelo presente. Yo llegué al centro hace un año o algo así. Sé que no te acuerdas pero tú y yo... nos tratábamos, nos llevábamos bien. No aguanté más de un par de días sin querer rendirme. Estaba harto. Llevaba ese tipo de cansancio en mi interior, ese que te hace perder las ganas de esforzarte y tú me ayudaste – explicó Changmin sin mirarle, sabiendo que él tampoco le miraba - . Ese centro está lleno de personas que nos doblan o triplican en edad. No es demasiado raro hacer un amigo sin tener más criterio que la edad, no en ese lugar. Pensé en huir de allí y supe que si te llevaba conmigo te devolvería lo que te debo. Además ¿imaginas esta escapada con el señor Hahn y su andador? Yo creo que no...
Changmin le miró de reojo. Jaejoong torció una sonrisa por su último comentario y negó con la cabeza en respuesta al notar que le estaba mirando.
- En cuanto a escaparme solo, no se sabe cuando puedo necesitar contar con alguien, por el motivo que sea. Me toca preguntar – dijo Changmin volviendo a mirar hacia el techo – ¿A donde habrías ido si no te hubiera ofrecido seguirme?
- No lo sé ¿No tienes a nadie que te busque? Me refiero a familiares o amigos.
- No ¿los tienes tú?
- No ¿y tus padres?
- Murieron, ¿y los tuyos? - preguntó Changmin pasándole el turno de pregunta por tercera vez.
- También – mintió Jaejoong a la vez que se enderezaba.
Se frotó la cara con las manos dejando escapar un bostezo poco disimulado. Changmin carraspeó antes de volver a hablar. Quería seguir tirando de aquella conversación.
- ¿Qué les ocurrió?
- Era mi turno – dijo Jaejoong sin mirarlo – La misma pregunta ¿qué les ocurrió?
- Mi padre murió en un accidente de tráfico y mi madre se suicidó ¿que les pasó a los tuyos?
- No lo sé – resumió haciendo un amago de mirarle.
- Me has dicho que murieron ¿no?
- Algo así, sí.
- ¿Algo así? -insistió Changmin.
- Sí.
Jaejoong se puso en pie y se dirigió al baño.
- Me daré una ducha rápida. No se ni a que huelo, pero apesto.
Dicho esto cerró la puerta dejando a Changmin enterrado entre demasiados pensamientos. Se tapó la cara con ambas manos aun sin enderezarse en la cama. No sabía a que había venido su propio intento de continuar con aquel interrogatorio. Lo que tenía que hacer era dar información de sí mismo para darle confianza pero la necesidad de oír sus respuestas le había valido más. Era extraño además de innecesario hacerle preguntas cuya respuesta conocía él mismo y no Jaejoong, aun tratándose se su propia vida ¿Esperaba oír algo nuevo? Aunque su perspectiva del mundo hubiese cambiado se trataba del Jaejoong de siempre con la misma ignorancia acerca de su propia vida.
Pero ya estaba fuera del centro que le exigía recordar lo que había hecho en el pasado para obtener la libertad. El hecho de que sintiera por sus padres el rencor necesario como para no tener intención de ir a buscarles y, de alguna manera, darlos por muertos era lo ideal para entonces. Si él no sospechaba que su padre ya no seguía con vida al haber sido asesinado por su propio hijo no había nada que le pudiera hacer temer ser buscado por las autoridades de la forma en que, muy probablemente, estaría siendo buscado.
Aquel era el momento para conocerle de nuevo y dejar de intentar recordar una vida pasada que no parecía tener nada que ver con él. Vivir en la ignorancia era lo que había estado acabando con Jaejoong. Ahora sería lo que le ayudaría a empezar de nuevo.
jueves, 25 de octubre de 2012
- Capítulo 15 -
Changmin
se reclinó en su silla trasteando despistado la cuchara que se
hundía en la sopa tras deslizarse por el borde del plato.
Nunca
se había sentado en aquella mesa del comedor, y ni siquiera andaba
cerca de la usual, pero eso era lo que había pretendido. Cuando
Jaejoong asomara por el comedor se dirigiría sin dudarlo al rincón
de siempre, junto a la ventana, y no le atraía la idea de hacer
evidente su presencia ocupándola.
A
veces levantaba un instante la mirada para ver si ya se encontraba
allí y acto seguido la bajaba intentando convencerse de que aquello
lo podría sobrellevar.
Deseaba
tanto rebobinar y decidir no agacharse aquel día junto a él tras el
crujir de los platos en el suelo del comedor...
Un
solo instante lo había desmontado todo, cada paso que habían dado
juntos, cada esfuerzo por mantenerse unidos sin que nadie pudiera
separarlos, cada plan para lograr salir de allí, o para quedarse si
eso significaba la única posibilidad de estar juntos,... todo se
había hundido, en un solo instante.
Se
intentó dar unos segundos de calma cerrando los ojos, pero su
pensamiento le hizo evidente que aquello no era posible y, tras
pasarse la mano por el rostro con un resoplo de cansancio, se
enderezó en la silla desviando la mirada al fondo del comedor.
Y
allí estaba quien ya no le recordaba cogiendo a desgana los
cubiertos del mostrador y situándolos sin ningún orden sobre una
bandeja frente a él.
Antes
solo habría tenido que levantarse y, abrazándole con la justa
discreción, saludarle con cariño sin poder evitar sonreír. Pero
ahora le miraba desde lejos y era lo más a lo que podía aspirar.
Había
conseguido que le odiase, que le detestase del modo en el que solo se
detestaba a los psicólogos que tanto habían estado entreteniéndose
con él, y ahora no sabía como arreglarlo.
Le
observó en cada movimiento, en cada paso hacia la mesa junto a la
ventana que efectivamente eligió, y siguió mirándole aún sin
comprender como podían haber cambiado tanto las cosas.
Intentó
hacer el amago de dejar de mirarle pero eso era pedirse demasiado, y
para entonces estaba dando evidencia de ello aún con la vista
perdida en las manos de aquel chico que acababa de subir su mirada
encontrándose con su descarada atención.
Le
miró a los ojos en un acto reflejo y como si quemara bajó la mirada
sintiéndose un completo estúpido. Chasqueó la lengua en un gesto
de fracaso y pretendió volcar su atención en el plato de sopa ya
fría que aun permanecía intacto frente a sus ojos.
Jaejoong
mantuvo su mirada en él con un deje de molestia antes de ablandar el
gesto, agachando la cabeza con la vista perdida.
No
había ido sobrado de paciencia en su otro encuentro con aquel chico,
y creyendo que le mentía, se había levantado de su silla cambiando
de mesa sin disimular que estaba harto de ser el ignorante de sí
mismo por excelencia. Pero el interés que le suscitaba iba creciendo
a cada minuto que pasaba, y no sabía si debía detestarle sin
necesitar más motivos, o darle un voto de confianza haciendo el
intento de aparcar su orgullo.
Pero
tenía tanto en que pensar, y esto se añadía a la larga lista de
cosas que le quedaban por ordenar dentro de su cabeza.
Cogió
el bollo de pan de su bandeja y empezó a comer sin levantar la
mirada tras cada bocado. Aquel día era día de visitas y ya le
habían dado diez minutos para comer y presentarse en la sala
correspondiente. Sabía quién era el visitante y no dudó alargar
todo lo que pudo el tiempo que le habían dado. Tenía tantas ganas
de librarse de los horarios de terapias y visitas que pensó que si
aquella ventana contra la que ahora apoyaba la sien no hubiera
cristales habría saltado por encima del alfeizar para ir a perderse
el resto del día sin intención de preocuparse en dar explicaciones
al volver. Pero aquella no era una de sus posibilidades para entonces
y, enderezando la cabeza como si en ello tuviera que dejar todas sus
fuerzas, se dispuso a levantarse.
-
Vamos allá… – murmuró poniéndose en pie.
-
Espera…
Una
voz a apenas unos pasos de él le hizo levantar la mirada. Ahí
estaba Changmin mirándole y no mirándole, ofreciéndole un cuaderno
con el brazo extendido hacia él.
-
¿Qué…? – Jaejoong tomó aire dispuesto a hablar cortantemente,
pero al escuchar su propia voz decidió hablar con calma, aún con
menos intención que él de mirarle a la cara - ¿Qué quieres?
-
Éste... – Changmin zarandeó un poco el cuaderno de dibujo -…
éste cuaderno es tuyo. Creo que… tienes el mío.
-
¿Por qué iba a ser…?
-
Nos sentamos en el mismo sitio – dijo Changmin casi mezclando las
palabras echando un vistazo a la mesa en la que acababa de comer
Jaejoong – casi siempre… Si no me equivoco el otro día, es
posible que…
-
Lo tengo en mi habitación. Si te acercas ésta tarde te lo
devolveré. Mi habitación es..
-
La 307 – terminó de decir Changmin bastándole un instante de
duda.
Jaejoong
le fulminó con la mirada tensando el gesto unos segundos antes de
resoplar apartando la mirada de él, al ver que Changmin estaba
decidido a no levantar la vista del cuaderno.
-
¿Lo coges o no? – insistió una vez más alzando un poco el
cuaderno, haciendo que Jaejoong lo cogiera en un gesto rápido –
Gracias.
-
De nada – respondió rápidamente Jaejoong sin pensar en que se
agradecía – Nos vemos.
Changmin
levantó la mirada de un tirón al escuchar sus últimas palabras y
agradeció que Jaejoong ya le hubiera dado la espalda para salir del
comedor.
Hablar
con él era intercambiar palabras con la tensión suficiente como
para olvidar lo que se habían dicho segundos después.
-
-
-
Jaejoong
observó, casi retrepado en la silla, los pasos de Yunho hasta que se
sentó frente a él con aspecto de no recordar por que iba.
-
¿Y bien? - preguntó Jaejoong suponiendo que a continuación tocaría
una conversación ensayada acerca de como le iba.
-
Pues ... ¿qué tal estas? No te veía desde que ...
Yunho
se detuvo pensativo. No le veía desde que ¿”volvió”?
Se
había pasado semanas viéndole a diario en un estado totalmente
catatónico, ignorante de su presencia, y ahora había esperado días
para volver a verle.
A
pesar de todo sabía que eso era lo que terminaría por hacer
nuevamente. No estar cuando realmente valía la pena.
-
Desde que me dio por volver al mundo – concluyó Jaejoong
enderezándose para apoyar los antebrazos sobre la mesa que les
separaba – Me va como siempre, estoy como siempre, y cuando me
preguntes la próxima vez que vengas será más de lo mismo. Aunque
todo sea que para entonces la haya palmado porque solo vienes cuando
te pierdes...
-
Oye, no he podido venir antes, no he tenido tiem-...
-
Ya, no has tenido tiempo. No jodas Yunho ... ¿qué hacías aquí el
otro día?
-
¿Cómo que el otro día?
Jaejoong
rió para si con ironía volviendo a dejarse caer contra el respaldo
de la silla. Tenía claro que cuando se lo mencionase, Yunho iba a
negarlo, pero llegaba a molestarle que a aquellas alturas no se le
diera aún bien mentir.
-
¿Sabes Yunho? No dejo de preguntarme para que vienes, que ganas con
hacerlo, porque esta claro que yo no saco nada de provecho.
-
Vengo porque me importas, si no eres tú, dime, que se me ha perdido
aquí – comentó Yunho volviendo mas tirante su voz.
-
¿De que conoces a Shim Changmin?
Yunho
casi se lamento al oír aquel nombre de boca de Jaejoong ¿Eso era?
¿Le había visto hablar con él? ¿Y cual iba a ser la excusa? Eso
había sido un fallo...
-
¿De que le conoces? - volvió a insistir Jaejoong ante el silencio
de Yunho elevando el volumen de su voz – No te des tanto tiempo
para inventarte algo y dime la verdad.
-
Le conozco por ti – murmuro Yunho sacando en claro que otra excusa
no cabría en sus explicaciones – No hay otra forma.
-
Sigue ...
-
¿Que siga? - Yunho tomo aire mirándolo con extrañeza.
-
¡Si, que sigas! - repitió Jaejoong haciendo retumbar la mesa bajo
su puño cerrado - ¡Estoy harto de dar mil vueltas para enterarme de
la más mínima mierda, y vosotros que lo sabéis todo solo habláis
para mentir! ¿Cuál piensas que es mi límite Yunho?
Yunho
contuvo la respiración mientras le escuchaba. Le comprendía,
entendía que quisiera saber y que no hubiera nadie dispuesto a
contestar a sus preguntas, pero cada vez tenía menos certeza de cual
era la forma correcta de responder.
¿Debía
decirle lo que sabía? ¿Tenía que callar? Y si decidía hablar...
¿le iba a creer?
Si
debía de razonar antes de hablar, el tiempo necesario para ello se
lo quitaba la mirada de Jaejoong sobre él, exigiendo una respuesta,
y no valiéndole cualquiera.
-
Jaejoong ... ¿de verdad que no sabes quien es Changmin?
Jaejoong
le respondió con un silencio. No, no sabía quien era, y sentir que
debía saberlo le hacia caer en la cuenta de que motivos eran
necesarios para estar interno en aquel lugar.
Reparar
en cuanto olvidaba le hacia sentir que su vida se borraba, y lo
sintió mas fuerte que nunca cuando Yunho volvió a hablar.
-
No sabes ni quien soy yo ...
Yunho
sintió que se quedaba vacío. Con pocas palabras derramó lo que más
le pesaba, lo que más le costaba sobrellevar, y ese peso no cayó en
la nada.
Jaejoong
quedo en silencio, intentando sostener lo que acababa de escuchar,
intentando convencerse de que eso ya lo sabía, y de que había sido
capaz de vivir con ello, pero hacer de todos unos desconocidos y, aun
así, seguir confiando en compartir aun recuerdos con ellos, se
evidenciaba cada vez más como mentira.
-
Como si tu siguieras conociéndome... – susurró Jaejoong con la
mirada clavada en la mesa – Tú eres el que viene a verme un día
perdido de tantos en este agujero, el que asegura que le importo pero
que me tiene demasiado rencor como para querer verme fuera de aquí
...
Jaejoong
volvió a apoyar sus brazos en la mesa, levantando de nuevo la vista
para Yunho que aun le miraba sin la aparente intención de tener algo
más que decir.
-
¿Recuerdas la primera vez que te dije que no volvieras? - pregunto
considerando el oscilar de su mirada como un “si” - Para entonces
no sabía con quien hablaba, y, ya que no se con quien hablo ahora,
puedes irte y fingir que te has equivocado de sala.
Yunho
perdió la mirada en el espacio entre Jaejoong y él antes de
bajarla. No sabía que decir para salir de la sala con la oportunidad
de volver a verle. Notaba los ojos de Jaejoong sobre él echándole
de allí. Se arrepentía de haber hablado sin pensar, pero sabía que
ya solo le quedaba pagar el precio de su impulsividad. Había ido a
visitarle y además de no haberle sido de ayuda le había echado en
cara su olvido.
Había
perdido, y comprendiendo esto se levantó de su silla saliendo de la
sala sin dirigirse a él de nuevo.
-
-
-
Llevaba
más de una hora tumbado en su cama, jugando con la sombra que hacia
la llave en la pared. La alejaba y la acercaba viendo como se hacia
más grande o más pequeña sobre la pintura blanca.
-
Antes lo único que necesitábamos era esto…
Se
puso entonces boca arriba alzando la llave en su mano, haciéndola
girar sobre si misma entre las yemas de sus dedos pulgar e índice.
Algo
tan simple que había sido tan difícil de conseguir ahora parecía
le parecía un trasto inútil. Servía para abrir las puertas que
para él estaban abiertas cuando quisiera.
Entonces
se enderezó bruscamente.
-
¡Serás imbécil! – se dijo poniéndose en pie, mientras se metía
torpemente la llave en el bolsillo del pantalón.
Algo
había que no era posible que hubiese cambiado. Jaejoong quería
salir, eso estaba claro, y él tenía la forma. Puede que no pudiera
ofrecerle nada como el amor de su vida pero si como su aliado.
Jaejoong se conocía el lugar como nadie, inclusive los horarios de
los guardias y la situación de las cámaras de cualquier zona por la
que necesitasen pasar. Su interés por él podía estar respaldado
por todo esto y solo necesitaba hacer un trato con él en el que
ambos parecieran dependientes del otro.
Sin
dejar de darle vueltas a su último razonamiento salió de la
habitación ensayando mentalmente como debía empezar una
conversación, estando casi convencido a la vez de que cualquier
frase planeada la dejaría sin usar ya que no sería el quien
dirigiera la conversación. Estaba seguro de que se dejaría llevar
por lo que Jaejoong dijera y de que tendría que evitar que diera fin
a la conversación tras cruzar dos comentarios.
Ya
había llegado al pasillo en el que se encontraba su habitación y no
se había dado cuenta de que cada vez caminaba más lentamente. Tenía
miedo, no podía negárselo a si mismo pero por una vez en mucho
tiempo tenía un plan que no tenía por que salir mal.
Una
vez frente a la puerta se quedo parado. Unos minutos, solo necesitaba
unos minutos para repasar lo que debía y no debía decir.
-
¿No pensabas llamar a la puerta? – dijo una voz tras él –
Confías mucho en mi intuición ¿eh?
Changmin
se volvió hacia Jaejoong. Aquella vez vio algo en sus ojos que le
facilitó no apartar la mirada. Por un instante se sintió cómodo,
como solía ser tiempo atrás. Ése tono en la voz de alguien que no
sabía si quería bromear o simplemente ser irónico, pero que daba
cabida a la primera posibilidad al dejar asomar algo parecido a una
sonrisa.
Changmin
sonrió levemente encogiéndose de hombros y se apartó un paso de la
puerta cuando Jaejoong se acerco para abrirla.
En
los pocos segundos que tardo en ponerse frente a él, girar el pomo y
entrar dejando la puerta abierta para darle paso pudo recordar lo
difícil que era mantener las distancias con él. Su imagen, su
aroma, su forma de moverse, todo era propio de él y como suyo lo
deseaba para si.
<<
No hay nadie como tú…>> dijo Changmin para sus adentros
entrando y quedándose junto a la puerta abierta que Jaejoong cerró
al instante para evitar que los vieran. Changmin pudo ver ahí que
ese secretismo en todo lo que hacía aun seguía en él como un
instinto.
Jaejoong
avanzó hacia el fondo de la habitación y agachándose frente a la
cama cogió el bloc que había guardado entre el colchón y el
somier. Tras hacerlo se levantó girándose hacia Changmin y se
acercó sin levantar la mirada, como si tuviera prisa.
-
Oye…- empezó a decir Changmin mientras cogía el bloc con pausa,
ganando segundos con cada gesto para permitirse reaccionar –
¿Llevas tiempo aquí verdad? Bueno, es algo que se.
Jaejoong
levantó la mirada hacia él y asintió alzando las cejas, no
esperando escuchar nada más que un comentario irrelevante.
-
Necesito tu ayuda – resumió Changmin.
-
¿Para?
-
Para salir de aquí.
Jaejoong
sonrió dejando escapar un pequeño resoplo en una risa contenida.
-
¿No sabes donde estás o qué? ¿Ayudarte? ¿Tiro el muro?
-
Te conoces este edificio – continuó Changmin a pesar de los
comentarios de Jaejoong – Horarios de vigilancia, cámaras y…
-
¿A que vie-..?
-
Escúchame ¿de acuerdo? Si tú me guías, te aseguro que podré
salir de aquí aunque parezca un disparate, y te diré más, tú
también saldrás.
-
Escúchame tú “Shim Changmin”.
Jaejoong
tensó la voz acercándose a Changmin, frunciendo el ceño por encima
de unos ojos muy cansados.
-
Esto está lleno de puertas, cerradas. No importa cuanto esquives las
cámaras y guardias, estas puertas no se abren con horquillas.
Así que si lo q-…
Changmin
sonrió sin poder evitarlo cuando Jaejoong enmudeció llevando sus
ojos a la llave que ahora se balanceaba frente a sus ojos.
-
¿Eso…? – comenzó Jaejoong oscilando muy rápidamente con su
mirada desde la llave a los ojos de Changmin - ¿Eso es..? No…
-
La llave maestra que abrirá las puertas hasta las que quiero que me
guíes sin ser detenido por ninguno de esos guardias.
Jaejoong
se pasó la mano por la cara aun con la incredulidad pesándole
demasiado.
-
¿De dónde la has sacado? – preguntó aun sin apartar la vista de
la llave.
Changmin
dejó escapar una sonrisa mientras se la guardaba en el bolsillo del
pantalón.
-
No me creerías.
Si
le hubiera dicho entonces que esa llave la había conseguido él
mismo, que la había robado de un bolsillo que no era suyo con una
discreción que ni el mejor de los ladrones, probablemente se lo
habría tomado como una broma ofensiva o, tal vez, se la habría
quitado de las manos reclamando lo suyo. No quería saberlo.
-
De acuerdo – prosiguió Jaejoong con el ceño algo fruncido - ¿Cómo
se que esto no es una trampa?
-
¿Una trampa? ¿Para qué?
-
Para…no sé. Para ver si me escaparía.
-
¿No es natural que sea así? ¿Quién se quedaría aquí teniendo la
llave de la puerta en la mano? El que prefiera quedarse aquí en vez
de largarse es porque realmente necesita un loquero. Fíate de mí –
le pidió Changmin antes de dejarle añadir nada más
-
Vale pero fíate tú también de mí.
-
Claro que me fío de…
Changmin
llevó su mirada a la mano que Jaejoong mantenía entre ambos, con
posición de esperar recibir algo.
-
La llave – le pidió con simpleza – Te fías de mí. Dame día,
hora, lugar para encontrarnos pero déjame la llave hasta entonces.
-
Pero…
-
No te fías.
Jaejoong
bajó la mano y torció una sonrisa.
-
Piensas que me voy a largar sin ti. Cierto, podría, con la llave
podría, no necesitaría tu ayuda pero se trata de confiar en el otro
¿No? – se explicó Jaejoong mientras parecía echarle algo en cara
– Solo tienes que fiarte de que yo no me largue solo, yo tengo que
fiarme de ti aun cuando no te conozco. No sé a qué viene que me
pidas la ayuda a mí, no soy el único que se conoce el edificio ni
tampoco el único que quiere salir de aquí. Le vas a un mendigo con
una bolsa de dinero y le quieres hacer creer que no vas con segundas
¿No pides tú más confianza?
Changmin
bajó la mirada pensativo. Jaejoong tenía razón pero también era
verdad que no le recordaba y que el fallarle no le iba a provocar
remordimiento alguno. Por otro lado aunque escapara sin él podría
seguirlo con permiso solicitado, pero era demasiado arriesgado no dar
con él, ni siquiera se había planteado a donde podría ir y estaba
seguro de que él tampoco.
-
¿Sí o no?- insistió Jaejoong.
-
Esta bien –dijo Changmin asintiendo levemente con la cabeza
mientras sacaba la llave de su bolsillo no tardando en ver la mano de
Jaejoong de nuevo entre ellos - Esta noche, a las doce y media, en
tu habitación.
-
Anotado – resumió tomando la llave y echándosela al bolsillo.
-
Si me fallas te buscaré hasta encontrarte y me vengaré.
Jaejoong
le miró seriamente y al poco sonrió, limpiamente, contagiando a
Changmin al instante por acto reflejo.
-
Lo tendré en cuenta.
Changmin
asintió una vez.
-
Nos vemos entonces.
Jaejoong
asintió con menos firmeza que él sin decir nada más y no se movió
hasta que Changmin salió de la habitación. Entonces alzó la llave
poniéndosela a la altura de los ojos y torció una inevitable
sonrisa. No se creía del todo su suerte pero si lo pensaba de forma
objetiva no tenía nada que perder. Incluso si la llave era falsa o
todo era una trampa no veía que retroceso podía haber en los
avances no conseguidos durante los últimos años de confinamiento en
que había consistido su vida.
Guardo
la llave bajo el colchón sin preocuparse demasiado en la calidad del
escondite y se dirigió al baño. Al entrar se paró frente al espejo
y se fijó en su propia sonrisa, aun pintada en su cara, entre
confiada e incrédula.
-
¿Y a donde piensas ir?
Se
preguntó casi sin esperarse su propia voz y perdió la sonrisa al no
tener la menor idea sobre la respuesta. Agachó la cabeza y se
imaginó saliendo de allí, pisando la acera de la calle, mirando
hacia los lados y echando a suerte hacia donde caminar. Se sentía
estúpido.
Entonces
pensó en sus padres. Ellos le habían metido allí años atrás o
eso creía. Debían estar en casa, en el hogar donde se crió. Si iba
a verlos tendría entonces la oportunidad de preguntarles por qué y
saber la gran razón que les impedía ir a verle.
Sentía
rencor, mucho rencor, eso no podía negarlo pero tampoco podía negar
que le habían dejado un vacío y una sensación de abandono que no
le habían ayudado a lo largo de su estancia en aquel centro.
-
No.
Se
volvió a mirar al espejo y negó con la cabeza lentamente.
-
No seas imbécil.
No
podía ir a verlos ¿Qué pretendía?¿No durar más de un día fuera
de allí? Estaba más que claro que si iba a verlos ellos le harían
volver. Ellos le habían encerrado allí ¿qué les iba a llevar a no
hacerlo de nuevo? “Hola papá, mamá, me he escapado ¿cómo
estáis? Yo bien, intentando entender que esta pasando desde hace 4
años”.
Resopló
y sonrió a su reflejo con amargura.
-
¿Robar? Porque no piensas vivir del aire ¿verdad?
Realmente
no era buena idea. De las dos que había tenido era la que más
posibilidades le daba de permanecer fuera pero aun así sabía que no
iba a llegar muy lejos.
Se
sentó en el suelo y hundió los dedos en su pelo.
Tenía
una horas para tener una brillante idea.
-
-
-
Changmin
pasó la goma por el último trazo dibujado sobre el papel. Volvía a
dibujar una sonrisa. No era como la última. No reflejaba la
felicidad sencilla de un niño sino más bien un aire de triunfo, de
éxito no esperado. No sabía si realmente le agradaba. Era la
sonrisa de Jaejoong pero los motivos que le hacían sonreír no le
incluían a él. Era una sonrisa egoísta y pensar en ella le hacia
estar cada vez menos seguro de que aquella noche le volvería a ver.
Pensó
en salir antes de la hora esperada, estar junto a su puerta a
medianoche cuando la última guardia hubiera echado su
correspondiente ojeada al pasillo. Prefería pecar de desconfiado a
ser demasiado crédulo y quedarse esperando a quien se había ido sin
él.
Cerró
el bloc de dibujo y fue a echarse en la cama. Necesitaba dejar de
pensar, no quería planear nada que pudiera quedar echado por tierra.
Lo que pudiera pasar aquella noche era totalmente imprevisible.
-
-
-
Jaejoong
mordió el trozo de pan y lo bailó en la mano mientras masticaba.
Tenía un nudo en el garganta y la comida parecía entrar a empujones
bajando demasiado despacio hasta su
estómago produciéndole un dolor molesto. Pero quería comer, tener
energía para lo que la situación le exigiera aquella noche y no
tener que caer en la cuenta de que el hambre para los pies.
Vio
a Changmin entrar y agachó la cabeza a la vez que mordía de nuevo
el pan fingiendo no haberle visto. Intuyó como se sentaba a un par
de mesas de él, no tan lejos como de costumbre y tomó la cuchara
moviendo el contenido del plato para centrar la mirada en algo que no
fuese él. Le estaba costando mucho no mirarle. Ahora el acortar
distancias con él o intercambiar miradas le parecían gestos
descarados de complicidad que podían echarlo todo a perder. Estaba
exagerando y lo sabía, pero los nervios no le ayudaban.
Changmin
se llevó la cuchara a la boca y masticó con pausa. Él estaba
teniendo menos problemas que Jaejoong para no mirarle y no porque no
estuviera nervioso sino porque ya había tenido bastantes días para
acostumbrarse a no dejar los ojos en él.
Le
hubiera gustado entrar en su cabeza y saber en qué pensaba, si
estaba dispuesto a esperarle o no. Jaejoong por su parte tenía mucho
más en que pensar. El que Changmin saliera o no estaba en segundo
plano. Su propia historia ya tenía demasiados cabos por atar y lo
único que podía preocuparle con respecto a Changmin era que de
verdad tuviera una razón para elegirlo a él para salir de allí,
una razón que no le favoreciera.
Las
horas pasaron lentas tras la cena. Cada uno en su habitación siguió
ocupando su cabeza en sus dudas, planteando la situación de
diferentes formas según lo que pudiera pasar.
A
poco más de las doce Changmin se enderezó en su cama tras mirar el
reloj. Eran las doce, la guardia de medianoche ya habría echo su
último paseo de las últimas horas. Buscó entonces sus zapatillas y
ató los cordones con tirones bruscos, recolocándose los vaqueros al
ponerse en pie.
No
sabía que explicación iba a dar si salía de allí sin motivo. Su
cabeza pensaba a mil por hora y sin embargo lo había dejado todo en
el aire.
Tomó
su cartera y esenciales y se los echó al bolsillo. Se había
decidido a salir en breves de la habitación.
Jaejoong
permaneció tumbado en la cama cuando la puerta de la habitación fue
cerrada por el guarda. Estaba ensimismado, tan metido en sus
pensamientos que no se pidió prisa alguna.
¿Tenía
que preparar algo? Hacía años que no veía su ropa de calle y el ir
de pies a cabeza vestido de blanco inmaculado no le iba a ayudar pero
esa era una de tantas cosas que no sabía como solucionar.
Se
levantó, se digirió al baño y abriendo escasamente el grifo del
agua fría se lavo la cara cuidando el ruido que hacia. Lo más
cómodo que había encontrado para sus pies eran unas zapatillas
blancas sin cordones que le hacían caminar arrastrando los pies y
para entonces se dio cuenta de que no tenía nada para el frío que
pudiera llevar sobre el pijama que parecía de papel.
Pero
todo eso daba igual porque en pocas horas la oportunidad de salir de
allí se había convertido en una escapada de corta duración. Si no
conseguía seguir adelante no estaba dispuesto a volver, haría lo
que sea antes de volver a vivir una vida como aquella aunque fuera
acabar con todo, y no se veía triunfando, no sabía por donde
empezar así que, de algún modo, se veía despidiéndose de todo,
dejando su cuerpo caer al vacío desde alguna ventana que...
Abrió
bruscamente los ojos, mirando a la nada pero viendo algo. Se tapó
los oídos con las manos temblorosas e intentó buscarle el
significado a esa sensación de vértigo que acababa de sentir en su
pecho. Eso lo había visto antes, alguien que con un pie en el
alfeizar de la ventana se inclinaba hacia afuera, alguien que clavaba
los dedos en el marco de la ventana y lloraba...
-
¿Jaejoong?
Susurró
una voz a su espalda y pestañeo saliendo bruscamente de aquel
recuerdo.
-
¿Dónde es-...? Ah, estás aquí – dijo Changmin manteniendo la
voz en un susurro y se detuvo en la puerta del baño, mirándole
extrañado - ¿Ocurre algo?
Jaejoong
le miró momentáneamente y negó con la cabeza pestañeando varias
veces.
-
Es... pronto... - dijo mirándolo algo más centrado – Sabía que
no te fiarías de mi...
-
Pensé que no estaría de más cruzar algunas palabras antes de
lanzarnos – mintió Changmin – Alguna idea, consejo, no sé.
-
Se silencioso y ante todo haz lo que yo te diga...
-
Eso pienso hacer.
-
Empezando por venir a las doce y media si a esa hora planeábamos
vernos.
-
Lo siento...
Jaejoong
tomó aire y lo soltó largamente.
-
Si ahora entra alguien lo primero que ve es a ti hablando conmigo.
Changmin
echó un vistazo a la puerta y seguidamente pasó al baño pegando la
espalda a la pared del fondo.
-
¿Aún no ha pasado el guarda?
-
Sí, ha pasado, pero basta que hoy sea imprescindible que no pase por
segunda vez para que lo haga.
-
Eres bastante negativo, no te recordaba así.
Jaejoong
le fulminó con la mirada y Changmin la bajó casi al mismo tiempo.
-
Yo no me recuerdo optimista en ningún momento de mi vida – dijo
Jaejoong con tono cortante sin abandonar los susurros – No sé como
de cómoda ha sido tu vida pero la mía no me ha hecho ver nada como
algo fácil.
Dicho
ésto se dirigió a la habitación y cogió la llave maestra.
Changmin le siguió sin pasar mas allá de la puerta del baño.
-
Mi vida tampoco ha sido fácil, pero creo que no tan difícil como la
tuya – dijo a modo de disculpa.
-
¿Vamos? - le preguntó Jaejoong sin hacer caso de lo que acababa de
oír.
-
Vamos.
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